OBRA DE LA EVOLUCIÓN
El Hilo de Ariadna
Habiendo estudiado los Mundos, los Globos y las Revoluciones que constituyen el sendero de la evolución durante los siete Períodos, podemos ahora considerar la obra efectuada en cada Período, así como los métodos empleados para realizarla.
El hilo de Ariadna nos guiará a través de esa masa de Globos, Mundos, Revoluciones y Períodos, y lo encontramos, si recordamos claramente que los espíritus virginales que constituyen la oleada de vida evolucionante se hicieron completamente inconscientes cuando comenzaron su peregrinaje evolutivo a través de los cinco mundos de substancia más densa que el Mundo de los Espíritus Virginales. El propósito de la evolución es hacerlos plenamente conscientes y capaces de dominar la materia de todos los mundos, y, por lo tanto, las condiciones de los diversos globos, Mundos, Revoluciones y Períodos están ordenadas teniendo en cuenta tal finalidad. Durante los Períodos de Saturno, Solar y Lunar, y la pasada mitad del actual Período Terrestre, los espíritus virginales habían construido inconscientemente sus diferentes vehículos, bajo la dirección de exaltados Seres que guiaron su progreso y despertándolos gradualmente hasta que adquirieron su estado actual de conciencia de vigilia. Este período se llama "Involución".
Desde los tiempos actuales, hasta el fin del Período de Vulcano, los espíritus virginales, que forman ahora nuestra humanidad, perfeccionarán sus vehículos y expandirán su conciencia a los cinco Mundos por sus propios esfuerzos y genios. Este período se denomina "Evolución".
Lo anterior es la clave para comprender lo que sigue.
El comprender perfectamente el esquema de la evolución planetaria, que ha sido bosquejado en las páginas precedentes, es de valor importantísimo para el estudiante. Aunque algunos creyentes en las leyes de Consecuencia y Renacimiento parecen pensar que la posesión de tales conocimientos no es esencial, y, además, de poca utilidad, diremos, por el contrario, que es de la mayor importancia para el diligente estudiante de esas dos leyes, el comprender dicho esquema. Ejercita la mente por medio de pensamientos abstractos y la eleva sobre las cosas de la existencia concreta, ayudando a la imaginación a remontarse sobre los enmarañados afanes del propio interés. Como ya se indicó al estudiar el Mundo del Deseo, el Interés es lo que impulsa a la acción, si bien en nuestro presente grado de progreso el Interés se despierta generalmente por egoísmo. Algunas veces es de naturaleza muy sutil, pero aguijonea la acción de varias maneras. Toda acción inspirada por el interés genera ciertos efectos que actúan sobre nosotros, y , en consecuencia, nos rozamos con las acciones que tienen que ver con los mundos concretos. Pero si nuestras mentes están ocupadas con asuntos tales como las matemáticas o el estudio de las fases planetarias de la evolución, estamos en la Región del Pensamiento puramente Abstracto, más allá de la influencia del sentimiento, y la mente se dirige hacia arriba, a los dominios espirituales, a la liberación. Cuando estamos extrayendo raíces cúbicas, o multiplicando números, o meditando sobre los períodos, revoluciones, etc., no sentimos nada sobre ellos. No peleamos porque dos veces dos hagan cuatro. Si se mezclaran nuestros sentimientos, quizá trataríamos de convertirlos en cinco y nos pelearíamos con todo aquel que, por razones personales, quisiera que sólo fueran tres; pero en matemáticas la Verdad es clara y palpable, y, por lo tanto, elimina todo sentimiento. Por esto, para el hombre corriente, deseoso de vivir en sus emociones, las matemáticas son cosas áridas y sin interés. Pitágoras ordenaba a sus discípulos que vivieran en el Mundo del Espíritu Eterno y exigía a los que deseaban instrucciones, que estudiaran en primer lugar las matemáticas. Una mente capaz de comprender las matemáticas está por encima de lo corriente y es capaz de elevarse hasta el Mundo del Espíritu, porque no está sujeta al Mundo de la Emoción y del Deseo. Cuánto más nos acostumbremos a meditar sobre los Mundos Espirituales, más fácilmente podremos remontarnos sobre las ilusiones que nos rodean en esta existencia concreta, donde los sentimientos de Interés y de Indiferencia obscurecen la Verdad y nos sugestionan, así como la refracción de los rayos luminosos en las capas atmosféricas de la Tierra nos hace concebir ideas acerca de la posición ocupada por la luminaria que lo emite.
Por tanto, el estudiante que desea conocer la Verdad; que quiere penetrar e investigar los dominios del Espíritu; que anhela liberarse de los afanes de la carne tan rápidamente como lo permita su salvaguardia, seguridad y crecimiento conveniente, debe estudiar lo que sigue tan perfectamente como le sea posible, y debe también asimilar y fijar bien en su mente esas concepciones de los Mundos, Globos y Períodos. Si desea progresar en esta forma, el estudio de las matemáticas y de la obra "The Fourth Dimension" ("La Cuarta Dimensión"), de Hinton, son ejercicios admirables de pensamiento abstracto. Esa obra de Hinton (aunque básicamente errónea, porque el Mundo del Deseo de cuatro dimensiones no puede ser encontrado por métodos de tres dimensiones) ha abierto los ojos de muchas personas que la han estudiado y las ha hecho clarividentes. Y, además, recordando que la lógica es el mejor maestro en cualquier Mundo, es muy cierto que el individuo que consiga entrar en los mundos suprafísicos por medio de tales estudios, no se encontrará aturdido, sino que podrá estar en perfecto dominio de sí, bajo cualquier circunstancia.
Un bosquejo estupendo es el que estamos desarrollando, y cuando se van agregando más y más detalles, su complejidad se hace casi inconcebible. Cualquiera que sea capaz de comprenderlo, será bien recompensado por grande que sea el trabajo que tenga que hacer para ello. Por lo tanto, el estudiante deberá leer con lentitud, repetir muy a menudo y meditar mucho y profundamente.
Este libro, y especialmente este capítulo, no puede leerse así a la ligera. Cada sentencia tiene su valor y es el sostén de la que le sigue, al mismo tiempo que presupone el conocimiento de lo que antecede. Si no se estudia el libro a fondo sistemáticamente, se irá haciendo cada vez más incomprensible y confuso. Si por el contrario, se estudia y medita bien conforme se va leyendo, se encontrará que cada página queda iluminada por el conocimiento adquirido con el estudio de las precedentes.
Ninguna obra de esta clase, que trate de los aspectos más profundos del Gran Misterio del Mundo que la mente humana en su estado actual de desarrollo es capaz de comprender, puede escribirse de manera tal que sea posible leerla ligeramente. Y aún así, las fases más profundas que podemos comprender por el momento no son más que el abecé del esquema, como se nos revelará cuando nuestras mentes sean capaces de comprender más, en los posteriores estados de desarrollo, como superhombres.
El Período de Saturno
Los globos del período de Saturno estaban formados por substancia mucho más fina y sutil que nuestra Tierra, como se evidenciará estudiando los diagramas 7 y 8, que el estudiante debiera tener muy a mano, como referencia mientras estudia el asunto. El Globo más denso de ese período estaba situado en la misma porción del Mundo del Pensamiento, ocupada por los globos más sutiles del período actual, la Región del Pensamiento Concreto. Estos globos no tenían consistencia, tal como generalmente podemos sentir. El "Calor" es lo que más se aproxima a la verdadera idea de lo que era el antiguo Período de Saturno. Era muy obscuro; y si una persona hubiera podido penetrar en el espacio ocupado por él no hubiera visto nada. En torno suyo, suyo todo hubiera sido obscuridad, pero hubiera podido sentir su calor.
Para el materialista será, por supuesto, locura el llamar a cosa semejante un "Globo" y afirmar que era el campo de evolución de la vida y de la forma. Sin embargo, cuando estudiamos la teoría nebular, comprendemos fácilmente que la nebulosa debió haber sido obscura antes de iluminarse y que debió estar caliente antes de poder ser ígnea. Ese calor debió haberse producido por el movimiento, y el movimiento es vida.
Los espíritus virginales, que debían desarrollar conciencia y forma, fueron colocados en ese globo, o mejor dicho, todo el globo estaba compuesto por espíritus virginales, así como la frambuesa está compuesta de un gran número de pequeñas frambuesas. Fueron incorporadas al Globo en la misma forma que la vida que anima al mineral está incorporada en la Tierra. Por lo tanto, se dice, entre los ocultistas científicos, que en el Período de Saturno el hombre atravesó el estado mineral.
Fuera de ese "Globo de Calor" -en su atmósfera, por decirlo así estaban las grandes Jerarquías Creadoras, que ayudaban a los espíritus virginales; pero por el momento nos referiremos a los principales únicamente, a aquellas que realizaron el trabajo más importante en el Período de Saturno.
En terminología rosacruz, esas jerarquías son denominadas los "Señores de la Llama", debido a la brillante luminosidad de sus cuerpos y a sus grandes poderes espirituales. En la Biblia se las llama "Tronos", y ayudaron al hombre por su libre voluntad. Estaban tan avanzadas que esta manifestación evolutiva no podía proporcionarles nuevas experiencias, y por lo tanto, ninguna sabiduría más; y lo mismo podríamos decir de dos Jerarquías de orden más elevado aún, que se nombrarán más tarde. Las restantes jerarquías creadoras, con objeto de completar su propia evolución, se vieron impelidas a trabajar en y con el hombre.
Estos Señores de la Llama estaban fuera del obscuro globo de Saturno, y sus cuerpos emitían una luz fortísima, y proyectaban, por así decirlo, sus imágenes sobre la superficie de ese antiguo globo, que era tan poco impresionable que reflejaba múltiplemente, como un eco, todo cuanto se ponía en contacto con él, reflejando las imágenes multiplicadas. Esto es lo que en el mito griego se quiere significar cuando se habla de que Saturno devoraba a sus propios hijos.
Sin embargo, por repetidos esfuerzos durante la primera evolución, los Señores de la Llama consiguieron implantar en la vida evolucionante el germen que ha desarrollado nuestro cuerpo físico. Este germen se desarrolló un tanto durante el resto de las seis primeras revoluciones, obteniendo la capacidad de desarrollar los órganos de los sentidos, especialmente el del oído. Por lo tanto, el oído es el órgano más desarrollado que poseemos. Es el instrumento que conduce con la mayor exactitud todas las impresiones que recibe del exterior hasta la conciencia. Está menos sujeto a las ilusiones del Mundo Físico que cualquier otro sentido.
La conciencia de la vida evolucionante de ese período era semejante a la del mineral actual -un estado de inconsciencia análoga a la de los médiums en trance profundo-, si bien durante las primeras seis revoluciones la vida evolucionante trabajó el germen del cuerpo denso bajo la dirección y con ayuda de las diversas jerarquías creadoras. A la mitad de la séptima revolución los Señores de la Llama, que habían permanecido inactivos desde el momento en que proporcionaron el germen del cuerpo denso en la primera revolución, se hicieron activos nuevamente, esta vez con objeto de despertar el principio espiritual más elevado, y produjeron la actividad inicial del espíritu divino en el hombre.
Así que el hombre debe su vehículo más elevado y el más inferior -el espíritu divino y el cuerpo denso- a la evolución del Período de Saturno. Estos Señores de la Llama ayudaron a esa manifestación voluntariamente, sin que nada los obligara, en manera alguna, a hacerlo.
La obra de las varias jerarquías creadoras no comienza en el globo A al principio de un Período o de una Revolución, sino que empieza a la mitad de una revolución, creciendo en fuerza y alcanzando su mayor eficacia en la mitad de la Noche Cósmica, la que tiene lugar lo mismo entre las revoluciones que entre los períodos. Entonces empieza a declinar gradualmente, y la oleada de vida va desapareciendo hasta la mitad de la próxima revolución.
Así que la obra de los Señores de la Llama con objeto de despertar la conciencia germinal, fue más activa y eficiente durante el período de reposo entre los períodos de Saturno y Solar.
Repetimos nuevamente que una Noche Cósmica no debe ser considerada como un período de inactividad. No es una existencia inerte, según ya vimos al estudiar la vida de un individuo desde su muerte hasta el próximo nacimiento. Y así sucede igualmente después de la gran muerte de todos los globos de un Período. Es una cesación de manifestación activa, con objeto de que pueda desarrollarse una actividad subjetiva proporcionalmente más aguda.
Quizá la mejor idea de la naturaleza de esta actividad nos la puede proporcionar la observación de lo que ocurre cuando una fruta madura cae bajo tierra. La fermentación y la desintegración es lo que se presenta primero; pero de todo ese caos brota la nueva planta, surgiendo hacia el aire y a la luz del Sol. Y así, también, cuando termina un período, todo se resuelve en un caos conglomerado, a primera vista imposible de ordenarlo. Pero a su debido tiempo, sin embargo, se forman los globos de un nuevo período y se convierte en Mundos habitables por el hombre. Después la vida evolucionante se transfiere a los cinco globos obscuros que atraviesa durante la Noche Cósmica, para comenzar las actividades de un nuevo día creador, pero en medio de un ambiente distinto, preparado y exteriorizado durante el transcurso y por medio de las actividades desplegadas en la Noche Cósmica. Así como las fuerzas producidas por la fermentación de la fruta estimulan la semilla y fertilizan la tierra en la que crece, así también los Señores de la Llama estimulan el germen del espíritu divino, especialmente durante la Noche Cósmica entre los períodos de Saturno y Solar, continuando en su actividad hasta la mitad de la primera revolución del Período Solar.
RECAPITULACION
Antes de comenzar la actividad en cualquier período, se hace una recapitulación de todo lo que ya se ha hecho antes. Debido al sendero en espiral de la evolución esta actividad tiene lugar cada vez en un grado más elevado que el estado de progreso que se está recapitulando. Esta necesidad se comprenderá cuando se describa el trabajo actual de esa recapitulación.
La primera revolución de cualquier Período es una recapitulación del trabajo, hecha sobre el cuerpo denso en el Período de Saturno, y entre los rosacruces se la denomina "Revolución de Saturno".
El segundo período es el Período Solar y, por lo tanto, la segunda revolución de cualquier período subsiguiente al Período Solar, sería la "Revolución Solar".
El tercer período es el Período Lunar; por lo tanto, la tercera revolución de cualquier período siguiente será una recapitulación de la obra efectuada en el Período Lunar, y se llama "Revolución Lunar".
El período no empieza hasta que las revoluciones recapitulatorias han terminado debidamente su trabajo. Por ejemplo, en el actual Período Terrestre se han efectuado ya tres revoluciones y media. Esto significa que en la primera, o Revolución de Saturno del Período Terrestre, se repitió el trabajo efectuado en el Período de Saturno, pero en grado superior. En la segunda, o Revolución Solar, se repitió la obra ejecutada en el Período Solar. En la tercera, o Revolución Lunar, se repitió el trabajo efectuado en el Período Lunar; y únicamente en la cuarta -la Revolución actual- se comenzó el verdadero trabajo del Período Terrestre.
En el último de los siete períodos -el Período de Vulcano- únicamente la última revolución será la dedicada realmente a la obra de ese período. En las seis revoluciones anteriores sólo se recapitulará el trabajo efectuado en los seis períodos precedentes.
Y, además (y esto ayudará muy especialmente la memoria del estudiante), la Revolución de Saturno en cualquier período se refiere siempre al desarrollo de algún rasgo nuevo del cuerpo denso, pues éste comenzó su desarrollo en una primera revolución; y cualquier séptima revolución, o Revolución de Vulcano, desarrolla especialmente alguna actividad relacionada con el espíritu divino, cuyo desarrollo comenzó en una séptima revolución. De la misma manera veremos que hay siempre una relación entre las diferentes revoluciones y todos los vehículos humanos.
EL PERIODO SOLAR
Las condiciones del Período Solar difieren radicalmente de las del Período de Saturno. En vez de los "Globos de Calor" del último, los globos del Período Solar eran esferas luminosas de gran brillo y de consistencia análoga a la de los gases. Estas grandes esferas gaseosas contenían todo lo que se había desarrollado en el Período de Saturno, y análogamente a éste, las Jerarquías creadoras estaban en su atmósfera.
En vez de la cualidad reflectora del Período de Saturno, esos globos tenían la cualidad de absorber y obrar sobre cualquier luminosidad o sonido que se proyectara sobre sus superficies. Eran por así decirlo, cosas "sensibles". La Tierra no se parece a esto, y el materialista se reiría de semejante idea, si bien el ocultista sabe que la Tierra siente todo lo que está sobre o en ella. Esos globos sutiles eran mucho más sensitivos que la Tierra, porque no estaban limitados por la materia tan dura y densa como la de nuestra habitación actual.
La vida era diferente, por supuesto, porque no podían existir allí formas tales como las que conocemos. Pero la vida puede expresarse en formas gaseosas ígneas, así como -y aún mejor que- en formas compuestas por materia química sólida y dura, como las formas densas de los minerales, vegetales, animales y hombres.
Cuando la vida evolucionante apareció en el globo A en la primera, o Revolución de Saturno del Período Solar, estaba todavía a cargo de los Señores de la Llama, quienes a mediados de la última revolución del Período de Saturno habían despertado en el hombre el germen del espíritu divino.
Ya habían dado anteriormente el germen del cuerpo denso, y en la primera mitad de la Revolución de Saturno del Período Solar, tuvieron que hacer algunas mejoras en él.
En el Período Solar se comenzó la formación del cuerpo vital, con todas las cualidades consiguientes de asimilación, crecimiento, propagación, glándulas, etcétera.
Los Señores de la Llama incorporaron al germen del cuerpo denso únicamente la capacidad de desarrollar los órganos de los sentidos. En el intervalo que estamos considerando se hizo necesario cambiar el germen de tal manera, que permitiera su interpenetración por un cuerpo vital y la capacidad de evolucionar glándulas y el canal alimentario. Eso se efectuó por la acción conjunta de los Señores de la Llama, que proporcionaron el germen original, y los Señores de la Sabiduría, que se hicieron cargo de la evolución material en el Período Solar.
Los Señores de la Sabiduría, que no estaban tan desarrollados como los Señores de la Llama, trabajaron para completar su propia evolución; por lo tanto recibieron ayuda de un orden de exaltadísimos Seres, quienes análogamente a los Señores de la Llama, lo hicieron voluntaria y libremente. En lenguaje esotérico, se les llama "Querubines". Estos exaltados seres no comenzaron su actividad hasta que fue necesario despertar el germen del segundo principio espiritual del hombre naciente, porque los Señores de la Sabiduría eran capaces de ejecutar el trabajo relacionado con el cuerpo vital que se agregó a la constitución del hombre en el Período Solar, pero no podían despertar el segundo principio espiritual.
Cuando los Señores de la Llama y los Señores de la Sabiduría hubieron reconstruido conjuntamente el cuerpo denso en germen, en la Revolución de Saturno del Período Solar, los Señores de la Sabiduría, en la segunda revolución, iniciaron el trabajo correspondiente en realidad al Período Solar, irradiando de sus propios cuerpos el germen del cuerpo vital, haciéndolo así capaz de interpenetrar al cuerpo denso y dándole el germen y la capacidad para ulterior crecimiento y propagación, excitando los centros de los sentidos del cuerpo denso y obligándolo a moverse. En una palabra, aquéllos proporcionaron, en germen, al cuerpo vital, todas las facultades que se están ahora desarrollando para convertirlo en un instrumento flexible para uso del espíritu.
Esta obra ocupó la segunda, tercera, cuarta y quinta revoluciones del Período Solar. En la sexta revolución entraron en acción los Querubines y despertaron el germen del segundo aspecto del triple espíritu humano: El espíritu de vida. En la séptima y última revolución, el recién despertado germen del espíritu de vida fue ligado al espíritu divino germinal y éste siguió siendo manipulado más ampliamente. Recordemos que en el Período de Saturno nuestra conciencia era semejante a la del trance. Por medio de las actividades desplegadas en el Período Solar, esa conciencia fue gradualmente modificada, hasta convertirse análogamente a la conciencia del sueño sin ensueños.
La evolución en el Período Solar agregó a la constitución del hombre en embrión el próximo superior y el próximo inferior de sus vehículos actuales. Como resultado del Período de Saturno el hombre poseía un cuerpo denso y un espíritu divino en germen. Al final del Período Solar, poseía en germen el cuerpo denso, el cuerpo vital, el espíritu divino y el espíritu de vida, es decir, un doble espíritu y un doble cuerpo.
Debemos hacer notar también que, como la primera revolución, o de Saturno, de cualquier período, está relacionada con el trabajo del cuerpo denso (porque comenzó en una primera revolución), así también, la segunda, o Revolución solar, de cualquier período está relacionada con el mejoramiento del cuerpo vital, que comenzó en una segunda revolución. De parecida manera, la sexta revolución de cualquier período está dedicada a trabajar el espíritu de vida, y cualquier séptima revolución está relacionada particularmente con los asuntos concernientes al espíritu divino.
En el Período de Saturno, el hombre en embrión atravesó una existencia de un estado mineral. Esto es, tuvo un cuerpo denso solamente en el sentido en que lo tiene el mineral. Su conciencia era también parecida a la que tienen los minerales actuales.
De la misma manera, y por razones análogas, puede decirse que, en el Período Solar, el hombre atravesó la existencia vegetal. Tenía un cuerpo denso y un cuerpo vital, como lo tienen las plantas, y su conciencia, como la de éstas, era la del sueño sin ensueños. El estudiante comprenderá plenamente esta analogía estudiando el diagrama 4, que está en el capítulo titulado "Los Cuatro Reinos", en el que se muestran esquemáticamente los vehículos de conciencia que poseen los minerales, las plantas, los animales y el hombre, con la conciencia particular que resulta de su posesión en cada caso.
Cuando terminó el Período Solar hubo otra Noche Cósmica de asimilación junto con la actividad subjetiva necesaria para la iniciación del Período Lunar. Aquélla fue de igual duración que el período de manifestación objetiva que la había precedido.
EL PERIODO LUNAR
Así como la característica principal de los obscuros globos del Período de Saturno fue descripta por el término "Calor" y la de los globos del Período Solar como "Luz" o calor resplandecientes, así también la característica principal de los globos lunares puede describirse como "humedad". No existía el aire tal como lo conocemos. En el centro estaba la costra ígnea ardiente. Próxima a ella, y en consecuencia en contacto también con el frío del espacio exterior, había una humedad densa. Por el contacto con la costra ígnea central, esa humedad densa se transformó en vapor caliente, que ascendía hasta la periferia enfriándose y tornaba al centro nuevamente. Por lo tanto, los ocultistas llaman a los globos Período Lunar "Agua" y describen su atmósfera como si fuera de "Niebla Ignea". Este fue el escenario del próximo paso de la vida evolucionante.
El objeto del Período Lunar era la adquisición del germen del cuerpo de deseos y conservar la actividad germinal del tercer aspecto del triple espíritu del hombre, el espíritu humano, el Ego. A mediados de la séptima Revolución del Período Solar, los Señores de la Sabiduría se hicieron cargo del espíritu de vida en germen, proporcionado por los Querubines en la sexta revolución del Período Solar. E hicieron esto con el objeto de unirlo o conexionarlo al espíritu divino. Su mayor grado de actividad se desplegó en la Noche Cósmica, habida entre los Períodos Solar y Lunar. Al alborear el Período Lunar, conforme la oleada de vida partió para su nuevo peregrinaje, reaparecieron los Señores de la Sabiduría, trayendo consigo los vehículos germinales del hombre en embrión. En la primera revolución, o de Saturno, del Período Lunar, aquéllos cooperaron con los "Señores de la Individualidad", que se hicieron cargo especialmente de la evolución material del Período Lunar. Y juntos reconstruyeron el germen del cuerpo denso, traído desde el Período Solar. Este germen había desarrollado órganos embrionarios de los sentidos y órganos digestivos, glándulas, etcétera, también en embrión, y fue interpenetrado por el injerto de un cuerpo vital, que difundió cierto grado de vida en el denso cuerpo embrionario. Por supuesto, éste no era sólido y visible tal como lo es ahora, aunque hasta cierto punto estaba un tanto organizado y era perfectamente visible y distinto para el clarividente desarrollado, o para el investigador competente que estudia la memoria de la Naturaleza, para conocer ese lejanísimo pasado.
En el Período Lunar fue necesario reconstruir el cuerpo denso para hacerlo capaz de ser interpenetrado por un cuerpo de deseos y para que pudiera evolucionar un sistema nervioso, muscular y cartilaginoso, así como también un esqueleto rudimentario. Esta obra de reconstrucción fue la que se efectuó en la Revolución de Saturno, en el Período Lunar.
En la segunda Revolución, o Solar, el cuerpo vital fue también modificado con objeto de darle la capacidad de ser interpenetrado por un cuerpo de deseos, así como también para que pudiera acomodarse por sí mismo al sistema nervioso, muscular, esquelético, etc. Los Señores de la Sabiduría, que fueron los originadores del cuerpo vital, también ayudaron a los Señores de la Individualidad en ese trabajo. En la tercera revolución se comenzó el trabajo propio del Período Lunar. Los Señores de la Individualidad emitieron de sí mismos la substancia con la que ayudaron al hombre rudimentario e inconsciente a construir y a adaptarse a un cuerpo de deseos germinales. Y también lo ayudaron a incorporar este cuerpo de deseos germinal a sus cuerpos vital y denso que ya poseía. Este trabajo fue efectuado durante la tercera y cuarta revoluciones del Período Lunar.
Como con los Señores de la Sabiduría sucedió también con los Señores de la Individualidad; si bien muy superiores al hombre, aquéllos trabajaron en y sobre éste para completar su propia evolución (la de ellos). Y si bien eran capaces de obrar sobre el vehículo inferior, no tenían poder alguno sobre el superior. No podían proporcionar el impulso espiritual necesario para el despertar del tercer aspecto del triple espíritu humano. Por lo tanto, otra clase de Seres que estaban mucho más allá de la necesidad de manifestarse en una evolución como la que estaba desarrollándose (y que también obraron voluntaria y libremente, como los Señores de la Llama y los Querubines), vinieron durante la quinta revolución del Período Lunar para ayudar al hombre. A esos seres se les llama "Serafines". Ellos fueron los que despertaron el germen del tercer aspecto del espíritu: El espíritu humano.
En la sexta revolución del Período Lunar reaparecieron los Querubines y cooperaron con los Señores de la Individualidad, para eslabonar el recién adquirido germen del espíritu humano, con el espíritu de vida.
En la séptima revolución del Período Lunar, los Señores de la Llama vinieron nuevamente para ayudar al hombre, cooperando con los Señores de la Individualidad para eslabonar el Espíritu Humano con el Espíritu Divino. En esta forma, el Ego separado -el triple espíritu- vino a la existencia.
Antes del principio del Período de Saturno, los espíritus virginales, que son actualmente hombres, estaban en el Mundo de los Espíritus Virginales, y eran "Omniconscientes" como Dios, en Quien (no de quien) se diferenciaron. Pero no estaban conscientes de sí mismos sin embargo. La realización de esa facultad es parte del objeto de la evolución que sumerge a los espíritus virginales en un océano de materia gradual y creciente densidad, lo que momentáneamente los priva de la omniconsciencia.
De esta manera, en el Período de Saturno, los espíritus virginales fueron sumergidos en el Mundo del Espíritu Divino y encerrados en la sutilísima película de esa substancia, la que penetraron parcialmente por medio de la ayuda que prestaron los Señores de la Llama.
En el Período Solar, los espíritus virginales fueron sumergidos en el más denso Mundo del Espíritu de Vida, y quedaron más cegados aún para la omniconsciencia, por el segundo velo con que quedaron envueltos por la substancia del Mundo del Espíritu de Vida. Sin embargo, con la ayuda dada por los Querubines consiguieron penetrar parcialmente ese segundo velo también. El sentimiento de Unidad con todo no se había perdido todavía allí, porque el Mundo del Espíritu de Vida es un mundo universal que interpenetra y es común a todos los planetas de un Sistema Solar.
En el Período Lunar, sin embargo, los espíritus virginales dieron un paso más hacia la materia aún más densa de la Región del Pensamiento Abstracto, y aquí se les agregó el más opaco de sus velos, el espíritu humano. Desde entonces, los espíritus virginales perdieron su omniconsciencia. Ya no pudieron penetrar sus velos, ni mirar hacia afuera o percibir otros; así que se vieron forzados a dirigir su conciencia hacia adentro, y allí encontraron a su yo como Ego, separado y aparte de todos los demás.
En esa forma los espíritus virginales se encontraron encerrados dentro de un triple velo, siendo el velo externo del espíritu humano, el que efectivamente cierra la conciencia al sentimiento de la Unidad de la Vida y se convierte en un Ego, manteniendo la ilusión de la separatividad obtenida durante la involución. La evolución irá disolviendo gradualmente la ilusión, devolviéndoles la omnicosnciencia, y la conciencia de sí mismos será añadida.
Vemos, pues, que al terminar el Período Lunar el hombre poseía un cuerpo triple, en varios grados de desenvolvimiento, y también el germen de un triple espíritu. Tenía los cuerpos denso, vital y de deseos, y los espíritus divino, de vida y humano. Todo lo que le faltaba era el eslabón que los uniera.
Se explicó ya que el hombre atravesó el estado mineral en el Período de Saturno; a través del vegetal en el Período Solar y su peregrinaje a través de las condiciones del Período Lunar corresponden a la fase de existencia animal, por las mismas razones por las que aplicamos los otros dos símiles. El hombre tenía entonces los cuerpos denso, vital y de deseos, como los tienen los animales actuales, y su conciencia era una conciencia pictórica interna, así como la tienen los animales inferiores hoy en día. Dicha conciencia es parecida a la del sueño como ensueños en el hombre, salvo que es perfectamente racional, pues es dirigida por el Espíritu-Grupo de los animales. Remitimos nuevamente al estudiante al diagrama 4 en el capítulo sobre Los Cuatro Reinos, donde se muestra lo antedicho.
Esos seres lunares ya no eran simplemente germinales, como en los períodos anteriores. Ante el clarividente desarrollado aparecen como suspendidos por cordones en la atmósfera de niebla ígnea, así como el embrión cuelga de la placenta por el cordón umbilical. Las corrientes (comunes a todos ellos) que suministraban cierta especie de nutrición, fluían de y desde la atmósfera a través de esos cordones. Esas corrientes eran, hasta cierto punto, parecidas en sus funciones a la sangre actual. Si se aplica el nombre de "sangre" a esas corrientes se emplea únicamente con objeto de sugerir una analogía, porque los Seres del Período Lunar no poseían nada semejante a nuestra actual sangre roja, que es una de las últimas adquisiciones del hombre.
Hacia el final del Período Lunar hubo una división en el globo que era el campo de nuestra y de otra evolución, que, para mayor simplicidad, no habíamos mencionado antes, pero sobre la que hablaremos ahora.
Parte de ese gran globo fue tan cristalizada por el hombre, debido a su incapacidad para conservar la parte que habitaba, en el elevado grado de vibración sostenido por los demás seres de allí, y cuando esa parte se hizo más inerte, la fuerza centrífuga del globo la arrojó al espacio, donde comenzó a girar en torno de la brillantísima porción ígnea central.
Las razones espirituales que hubo para expulsar esas cristalizaciones son las de que los más elevados seres de tal globo requerían para su evolución las intensísimas vibraciones del fuego. La condensación los limitaba y cohibía, aunque fuera necesario para la evolución de otros y menos avanzados seres que necesitaban un grado de intensidad vibratoria menor. Por lo tanto, cuando parte de un globo se cristaliza por los esfuerzos de ciertos seres en detrimento de otros, esa parte es expulsada, exactamente a la distancia necesaria de la masa central, para que circule en torno a ésta como satélite. Las vibraciones calóricas que llegan hasta éste son exactamente del grado e intensidad necesarios para la evolución de los seres que se encuentran en aquel satélite. Por supuesto, la ley de gravitación explica perfectamente ese fenómeno desde el punto de vista físico. Pero siempre hay una causa más profunda que proporciona o requiere una explicación más completa, y que encontraremos si consideramos el aspecto espiritual de todas las cosas. Así como toda acción física no es más que la manifestación de un pensamiento invisible que debe precederla, así también la expulsión de un planeta, de un Sol central, no es más que el efecto visible y necesario de las condiciones espirituales invisibles.
El planeta más pequeño arrojado en el Período Lunar se condensó con relativa rapidez y formó el campo de nuestra evolución hasta el fin de ese período. Era como una luna girando en torno de su planeta-padre, en la misma forma en que nuestra Luna gira en torno de la Tierra, pero no mostraba fases como lo hace nuestro satélite. Giraba de tal manera, que una mitad estaba siempre iluminada y la otra siempre obscura, como sucede con Venus. Uno de sus polos apuntaba directamente al inmenso Globo ígneo, así como uno de los polos de Venus apunta directamente al Sol.
En este satélite del Período Lunar había corrientes que circulaban en torno del mismo, como las corrientes del Espíritu-Grupo circulan en torno de la Tierra. Los seres Lunares siguieron esas corrientes instintivamente, desde el lado luminoso hacia el obscuro de tal antigua Luna. En ciertas épocas del año, cuando se encontraba con el lado luminoso, tenía lugar una especie de propagación. Como residuo atávico de esos viajes lunares para propagarse, tenemos las emigraciones de las aves de paso que, actualmente, siguen las corrientes del espíritu-grupo en torno de la Tierra en ciertas estaciones del año, con propósitos idénticos. Y hasta los viajes de la luna de miel de los seres humanos prueban que hasta el hombre mismo no se ha libertado aún del todo de aquel impulso relacionado con la fecundación.
Los seres lunares, en aquel grado, eran también capaces de emitir sonidos o gritos. Pero eran sonidos Cósmicos, y no expresiones individuales de alegría o de dolor, porque entonces no había individuos. El desarrollo de la individualidad vino después, en el Período Terrestre.
Al final del Período Lunar vino un nuevo intervalo de reposo, la Noche Cósmica. Las partes en que se había dividido se disolvieron y reabsorbieron en el Caos general que precedió a la reorganización del globo para el Período Terrestre.
Los Señores de la Sabiduría habían ya evolucionado tanto, que eran capaces de hacerse cargo, como primera y más elevada Jerarquía, de la evolución. Se encargaron, pues, especialmente, del espíritu divino del hombre durante el Período Terrestre.
Los Señores de la Individualidad estaban también suficientemente desarrollados, como para obrar sobre el espíritu del hombre y, por lo tanto, se puso a su cargo el espíritu de vida.
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Diagrama 9: Las Doce Grandes Jerarquías Creadoras
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Otra Jerarquía creadora cuidó especialmente de los tres gérmenes del cuerpo denso, vital y de deseos, conforme evolucionaban. Aquélla fue la que, bajo la dirección de otras Ordenes más elevadas, hizo el trabajo principal en esos cuerpos, empleando la vida evolucionante como una especie de instrumento. Esta Jerarquía es llamada los "Señores de la Forma". Y habían ya evolucionado tanto, que pudieron tomar a su cargo el tercer aspecto del espíritu del hombre -el espíritu humano- en el próximo Período: El Terrestre.
Había doce Grandes Jerarquías activando el trabajo de la evolución al principio del Período de Saturno. Dos de esas Jerarquías ejecutaron algunos trabajos al principio. No se ha dado información alguna sobre lo que hicieron, ni se ha dicho nada sobre ellas, salvo que actuaron libre y voluntariamente, y después se elevaron de la existencia limitada a la liberación.
Tres Jerarquías Creadoras más le siguieron al principio del Período Terrestre -los Señores de la Llama, los Querubines y Serafines-, dejando solamente siete Jerarquías en servicio activo cuando empezó el Período Terrestre. (El diagrama 9 dará una idea clara de las doce Jerarquías Creadoras y de sus estados).
Los Señores de la Mente se hicieron especialistas en la construcción de cuerpos de materia mental, así como nosotros nos estamos especializando actualmente en la construcción de cuerpos de materia química, por razones similares: La Región del Pensamiento Concreto era el estado más denso de materia alcanzado durante el Período de Saturno, cuando ellos eran humanos, y la Región Química es el estado más denso con el que puede estar en contacto nuestra humanidad.
En el Período Terrestre los Señores de la Mente alcanzaron el estado Creador, y emitieron de sí mismos dentro de nuestro ser el núcleo de material del cual estamos tratando de construir una mente organizada. A aquéllos se les llama los "Poderes de las Tinieblas", nombre que les dio San Pablo por haber surgido del obscuro Período de Saturno, y son considerados malos, debido a su tendencia separatista que pertenece al plano de la razón, la que contrasta con las fuerzas unificadoras del Mundo del Espíritu de Vida: El reino del Amor. Los Señores de la Mente trabajan con la humanidad, pero no con los tres reinos inferiores.
Los Arcángeles se especializaron en la construcción del cuerpo de deseos: La materia más densa del Período Solar. Por lo tanto, pueden enseñar y guiar a seres menos evolucionados, tales como el hombre y los animales, a modelar y emplear el cuerpo de deseos.
Los Angeles están perfectamente experimentados para construir el cuerpo vital, porque en el Período Lunar, en el que ellos eran humanos, el éter era el estado más denso de la materia. Debido a esta capacidad, son los instructores apropiados del hombre, animales y vegetales respecto a sus funciones vitales: Propagación, nutrición, etcétera.