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Cristo. Imagen en The Rosicrucian Fellowship. Somos absolutamente
cristianos y tratamos de cooperar con Su Plan de Salvación.

ESQUEMA DE LA EVOLUCIÓN

El Principio

En armonía con el axioma hermético: "Como arriba es abajo" y viceversa, los Sistemas Solares nacen, mueren y tornan a nacer nuevamente, siguiendo ciclos de actividad y reposo, semejante al hombre.

Hay constante flujo y reflujo de actividad en todos los dominios de la Naturaleza, correspondientes a las alteraciones de día y noche, verano e invierno, vida y muerte.

Es el principio de un Día de Manifestación, se dice que cierto Gran Ser (llamado en Occidente Dios, pero con otros nombres en otros países), se aísla a Sí Mismo en cierta porción de espacio, en la que se crea un Sistema Solar para la evolución y aumento de su propia conciencia. (Véase el diagrama 6).

Incluye en su propio Ser huestes de gloriosas Jerarquías, de para nosotros, inconmesurables poder y esplendor espiritual. Esas jerarquías son el fruto de las pasadas manifestaciones de ese mismo Ser y también de otras Inteligencias, de decrecientes grados de desarrollo hasta las que aún no han adquirido un estado de conciencia tan elevada como el de nuestra humanidad actual. Por lo tanto, estas últimas no podrán acabar su evolución en este sistema. En Dios - ese Gran Ser colectivo- existen seres inferiores de toda clase de inteligencias y de estados de conciencia, desde la omnisabiduría hasta la inconsciencia, más profunda aún que la del trance profundo.

Durante el período de manifestación con el que estamos relacionados, esos seres de varios grados están trabajando para adquirir más experiencia que la que poseían al principio de este período de existencia. Aquellos que, en manifestaciones anteriores, habían alcanzado el más alto grado de desarrollo, obran sobre los que aún no han desarrollado conciencia alguna. Inducen en ellos un estado de conciencia propia, con la cual pueden seguir trabajando en lo sucesivo. Los que ya habían principiado su evolución en un Día de Manifestación anterior, pero que no han progresado hasta llegar a un grado superior cuando aquél terminó, prosiguen ahora su tarea nuevamente, de igual manera que nosotros proseguimos nuestro trabajo cada mañana después de la noche de reposo anterior.

Todos estos seres, sin embargo, no continúan su tarea desde el primer momento de manifestación. Algunos deben esperar hasta que los seres que les preceden hayan creado las condiciones que son necesarias para su progreso ulterior. No hay ningún proceso instantáneo en la Naturaleza. Todo es un desarrollo extraordinariamente lento, un desenvolvimiento que, aunque lentísimo es absolutamente seguro y alcanzará la suprema perfección. De igual manera que hay estados progresivos en la vida humana: Infancia, adolescencia, virilidad y decrepitud, así también en el macrocosmos existen los diferentes estados correspondientes a los varios períodos de vida microcósmica.

Un niño no puede hacerse cargo de los deberes del padre o de la madre. Su adormecida mente y su condición física lo hacen incapaz de ejecutar semejante trabajo. Y lo mismo es cierto en esos seres poco desarrollados al principio de la manifestación. Tienen que esperar hasta que los más desarrollados hayan creado las condiciones necesarias para ello. Cuanto más inferior es el grado de inteligencia de un ser evolucionante, tanto más depende de la ayuda externa.

En el Principio, los seres más elevados -los que han progresado más- obran sobre los que tienen mayor grado de inconsciencia. Más tarde, los guían hacia algunas entidades menos desarrolladas, las que pueden llevar ese trabajo un poco más adelante. Por último se despierta la conciencia de sí, del yo. La vida evolucionante se ha convertido en humana.

Desde el punto en que la propia conciencia individual del Ego se manifiesta, debe seguir adelante para extender y expansionar su conciencia sin ayuda exterior alguna. La experiencia y el pensamiento tienen que tomar entonces el lugar de los instructores externos, y la gloria, poder y esplendor que puede adquirir son ilimitados.

El período de tiempo dedicado a la adquisición de la conciencia de sí, del yo, y a la construcción de los vehículos por cuyo intermedio se manifiesta el espíritu del hombre, se denomina "Involución".

El subsiguiente período de existencia, durante el cual el ser humano desarrolla su conciencia propia hasta convertirla en divina omnisciencia, se llama "Evolución".

La Fuerza interna del ser evolucionante que hace de la evolución lo que es y no un simple desenvolvimiento de posibilidades latentes, en germen; la que hace que la evolución de cada individuo difiera de la de los demás; la que suministra el elemento de originalidad y da lugar a la facultad que el ser evolucionante debe cultivar para convertirse en un Dios, esa Fuente se llama "Genio" y, según ya se indicó, su manifestación es la "Epigénesis".

Muchas de las filosofías avanzadas de los tiempos modernos reconocen la involución y la evolución. La ciencia sólo reconoce la última, porque la ciencia trata únicamente de la línea de manifestación de la forma. La involución pertenece a la línea de la Vida; pero los hombres de ciencia más avanzados consideran la Epigénesis como un hecho demostrable. El Concepto Rosacruz del Cosmos combina las tres, pues son necesarias para comprender bien el pasado, el presente y el futuro desarrollo del sistema al que pertenecemos.

Los Mundos

Podemos emplear un buen ejemplo para ilustrar la construcción de un Cosmos. Supongamos un hombre que desea hacer una casa para habitarla. En primer término elegirá un sitio apropiado, y entonces procederá a construir la casa, dividiéndola en varias habitaciones destinadas a ciertos propósitos. Hace una cocina, un comedor, dormitorios y curto de baño, y las arregla de manera que sirvan para el objeto a que están destinadas.

Cuando Dios desea crear, busca un sitio apropiado en el espacio, el que llena con su propia aura, compenetrando cada átomo de la Substancia-Raíz Cósmica de esa porción particular de espacio con Su vida, despertando de esa manera las actividades latentes en cada átomo indivisible.

Esta Substancia-Raíz Cósmica es una expresión del polo negativo del Espíritu Universal, mientras que el Gran Ser Creador que llamamos Dios (de quien, como espíritus, formamos parte) es una expresión de la energía positiva del mismo Espíritu Universal Absoluto. Todo cuanto vemos en torno nuestro en el Mundo Físico es el resultado de la acción mutua de esos dos polos. Los océanos, la tierra, todo cuanto vemos manifestándose como formas minerales, vegetales, animales y humanas, son espacio cristalizado, emanados de esa Substancia Espiritual negativa, que es lo que únicamente existía en la aurora del Nuevo Día de Manifestación. Tan seguramente como la concha dura y silícea del caracol son los jugos solidificados de su blando cuerpo, así también todas las formas son cristalizaciones en torno al polo negativo del Espíritu.

Dios extrae de la Substancia-Raíz Cósmica su esfera inmediata, y de esta manera la substancia comprendida dentro del Cosmos naciente se hace más densa que la que está en el Espacio Universal entre Sistemas Solares.

Cuando Dios ha preparado así el material para su Habitación, lo pone en orden. Cada parte del sistema queda compenetrado por su Conciencia, pero con una modificación diferente de esa conciencia en cada parte o división.

La Substancia-Raíz Cósmica es puesta en vibración a diversos grados de intensidad y, por lo tanto, está diferentemente constituida en las distintas divisiones o regiones.

Lo que antecede sirve para enseñarnos la forma en la que los Mundos vienen a la existencia y su ajuste para servir a los diferentes propósitos de la evolución, exactamente lo mismo que cuando arreglamos una casa para que se adapte a las necesidades de nuestra vida física diaria.

Hemos visto ya que hay siete Mundos. Estos Mundos tienen cada uno una medida" y clase diferente de vibración. En el más denso, en el Físico, la intensidad vibratoria (incluso las ondas luminosas que vibran centenares de millones de veces por segundo), es, sin embargo, infinitesimal cuando se compara con la rapidísima vibración del Mundo del Deseo, que es el más próximo al Físico... Para poder concebir algo acerca de la rapidez vibratoria, quizá lo más fácil es observar las vibraciones calóricas que surgen de una estufa muy caliente o de un radiador de vapor que esté próximo a una ventana.

Debe recordarse constantemente que estos Mundos no están separados por el espacio o la distancia, como lo está la Tierra de los demás planetas. Estos mundos son estados de materia, de distinta densidad y vibración, como lo son los sólidos, líquidos y gases de nuestro Mundo Físico. Estos mundos no son creados instantáneamente al principio de un Día de Manifestación, ni duran hasta el fin, sino que así como la araña construye su tela hilo por hilo, así también Dios va diferenciando un mundo tras otro dentro de Sí Mismo, conforme a las necesidades van exigiendo nuevas condiciones en el plan de evolución en el que El está ocupado. En esta forma se han ido diferenciando gradualmente los siete Mundos hasta el estado en que actualmente están. Los Mundos superiores son creados primeramente, y como la involución tiene por objeto el infundir la vida en materia de creciente densidad para la construcción de las formas, los Mundos sutiles se van condensando gradualmente y se van diferenciando otros nuevos dentro de Dios, para suministrar los eslabones necesarios entre El mismo y los mundos que se han consolidado. A su debido tiempo se alcanza el punto de su mayor densidad, el nadir de la materialidad. Desde ese punto comienza entonces la vida a ascender hacia los mundos superiores en el transcurso evolutivo. La evolución va dejando despoblados los mundos más densos uno por uno. Cuando un Mundo ha realizado el objeto para el que fue creado, Dios termina su existencia que ya era superflua, cesando en él la actividad particular que lo trajo a la existencia y lo sustentó en ella.

Los Mundos Superiores (más sutiles, finos y etéreos) son los que se crean primero y los últimos que se eliminan, mientras que los tres mundos más densos, en los que se efectúa nuestra actual fase de evolución, son, comparativamente hablando, fenómenos fugaces, simples incidentes de la inmersión del Espíritu en la materia.

Los Siete Períodos

El esquema evolutivo se lleva a cabo a través de esos cinco Mundos en siete grandes Períodos de Manifestación, durante los cuales los espíritus virginales o vidas evolucionantes se convierten primero en hombres, y después en dioses.

Al principio de la Manifestación, Dios diferencia dentro de Sí Mismo (no de sí mismo) esos espíritus virginales, como chispas de una Llama, de la misma naturaleza que ésta, capaces de expandirse hasta convertirse ellas también en Llamas. La Evolución es el proceso que realiza ese fin. En los espíritus virginales están contenidas todas las posibilidades de su Divino Padre, incluso el germen de la voluntad independiente, lo que los hace capaces de originar nuevas fases no latentes en ellos. Las posibilidades latentes se transforman en poderes dinámicos y facultades aprovechables durante la evolución, mientras que la voluntad independiente produce puntos de partida nuevos y originales, o sea Epigénesis.

Antes del principio de su peregrinación a través de la materia, los espíritus virginales se encontraban en el Mundo de los Espíritus Virginales, el próximo al más elevado de los siete mundos. Ellos tienen Conciencia Divina, pero no la conciencia de sí, del yo. Esta conciencia, el poder anímico y la mente creadora son las facultades que se adquieren en la evolución.

Cuando los espíritus virginales están sumergidos en el Mundo del Espíritu Divino quedan ciegos e inconscientes en ese estado de materia. Están ya ajenos a las condiciones exteriores como lo está el hombre sumergido en trance profundo. Este estado de inconsciencia prevalece en el primer período.

En el segundo período adquiere la conciencia del sueño sin ensueños; en el tercero alcanza el estado de sueño con ensueños, y a la mitad del cuarto período, al que hemos llegado ahora nosotros se adquiere la plena conciencia de vigilia humana. Esta conciencia pertenece únicamente a la más inferior de los siete mundos. Durante el restante medio período actual y los tres períodos completos subsiguientes el hombre debe expandir su conciencia hasta comprender los seis mundos superiores a este Mundo Físico.

Cuando el hombre pasó a través de estos mundos en su descenso, sus energías eran dirigidas por los Seres Superiores que lo ayudaron a enviar la energía inconsciente hacia adentro para construir los vehículos apropiados. Por último, cuando había avanzado y equipándose suficientemente con su triple cuerpo, instrumento necesario, entonces esos elevados seres "le abrieron los ojos" y le hicieron dirigir su mirada hacia afuera, sobre la Región Química del Mundo Físico, para que sus energías pudieran conquistarla.

Cuando el hombre se haya preparado por su trabajo en la Región Química, su próximo paso de progreso será la expansión de su conciencia, hasta incluir la Región Etérica; después el Mundo del Deseo, etcétera.

En terminología rosacruz, los nombres de los siete períodos son los siguientes:

1. El Período de Saturno
2. El Período Solar
3. El Período Lunar
4. El Período Terrestre
5. El Período de Júpiter
6. El Período de Venus
7. El Período de Vulcano

Estos períodos son renacimientos sucesivos de nuestra Tierra.

No debe creerse que los períodos arriba mencionados tengan algo que ver con los planetas que giran alrededor del Sol como nuestra Tierra. En realidad, nunca se repetirá lo suficiente que no hay relación alguna entre esos planetas y los períodos nombrados. Los períodos son simplemente las encarnaciones pasadas, presentes y futuras de nuestra Tierra, "condiciones" a través de las cuales ha pasado, está pasando y pasará en el futuro.

Los tres primeros períodos mencionados (de Saturno, Solar y Lunar) pertenecen al pasado. Estamos actualmente en el cuarto o período Terrestre. Cuando este período de nuestro globo se haya completado, éste y nosotros pasaremos a las condiciones de Júpiter, Venus y Vulcano antes de que el gran Día septenario de Manifestación concluya, cuando todo lo que ahora es, se sumerja una vez más en el Absoluto durante un período de descanso y asimilación de los frutos de nuestra evolución, para reemergir nuevamente para ulterior y más elevado desarrollo en la aurora de otro Gran Día.

Los tres períodos y medio ya pasados han sido empleados en la adquisición de nuestros vehículos y conciencia actual. Los tres períodos y medio restantes se dedicarán a perfeccionar esas vehículos y a expansionar nuestra conciencia hasta un punto equivalente a la omnisciencia.

El peregrinaje hecho por los espíritus virginales desde la inconsciencia hasta la omnisciencia, desarrollando sus posibilidades latentes en energías dinámicas, es un proceso de maravillosa complejidad y únicamente damos, por ahora, un ligerísimo bosquejo de él. Conforme progresemos en nuestro estudio se irán añadiendo más detalles hasta que la descripción sea tan completa como el autor es capaz de hacerla. Llamamos la atención del estudiante para que se fije bien en las definiciones de los términos que se emplean, porque estamos presentando ideas nuevas. Rogásmole, simplificar el asunto, empleando únicamente nombres o palabras simples y familiares para designar las mismas ideas en toda la obra. Los nombres serán tan descriptivos de la idea encerrada como sea posible, esperando poder así anular muchas de las confusiones que las múltiples terminologías han producido. Dedicando estricta atención a la definición de los términos, no será difícil, para las personas de mediana inteligencia, el adquirir por lo menos un conocimiento general, aunque no sea más que un bosquejo esquemático de la evolución.

Que tal conocimiento es de la mayor importancia, creemos que será reconocido por cualquier individuo inteligente. Vivimos en este mundo regidos por las leyes de la Naturaleza. Bajo esas leyes debemos vivir y trabajar, y no podemos modificarlas. Si las conocemos y cooperamos inteligentemente con ellas, estas fuerzas por ejemplo, la electricidad y el vapor. Si, por el contrario, no las comprendemos y en nuestra ignorancia trabajamos contra ellas, éstas se convertirán en nuestros más peligrosos enemigos, capaces de destrucciones terribles.

Por lo tanto, cuanto más conozcamos los métodos de trabajo de la Naturaleza, que en último término no es sino un símbolo del invisible Dios, mejor podremos aprovecharnos de las oportunidades y ventajas que se nos pueden ofrecer para nuestro crecimiento y poder: Para la emancipación de todo límite y para la elevación al dominio y poder.

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