EVOLUCIÓN DE LA TIERRA
LA EPOCA POLAR
Mientras el material que ahora forma la Tierra era todavía parte del Sol, se encontraba, por supuesto, en estado ígneo, ardiente; pero como el fuego no quema el espíritu, la evolución humana comenzó en seguida, estando confinada especialmente a la Región Polar del Sol.
Los seres más desarrollados, que debían convertirse en hombres, fueron los primeros en aparecer. Las substancias que ahora componen la Tierra estaban en fusión y la atmósfera era gaseosa. Sin embargo, el hombre recapituló su estado mineral nuevamente.
De esa sustancia sutil, química, del Sol, construyó el hombre su primer cuerpo mineral, ayudado por los Señores de la Forma. Si se objetara que el hombre no puede construir nada inconscientemente, el caso de maternidad puede servir de respuesta. ¿Está la madre consciente de la construcción el cuerpo del niño en su seno? Y, sin embargo, nadie se atrevería a decir que no interviene en ella. La única diferencia es que la madre construye el cuerpo para el niño inconscientemente, mientras que el hombre lo construía para sí mismo.
El primer cuerpo denso del hombre no se parecía ni remotamente a su actual vehículo tan espléndidamente organizado. Tal perfección ha sido conseguida al cabo de miríadas de años. El primer cuerpo denso era un objeto enorme y pesado con una abertura en la parte superior por el que salía o se proyectaba un órgano. Era una especie de órgano de orientación y dirección. En el transcurso del tiempo el cuerpo denso y el órgano se unieron más estrechamente, y éste se condensó un tanto. Si se acercaba demasiado a sitios de mayor calor que el que podía soportar, se dilataba. Con el tiempo, el órgano se fue haciendo sensitivo hasta el punto que señalaba el peligro, y entonces el cuerpo denso se movía automáticamente a un lugar más seguro.
Este órgano ha degenerado ahora en lo que se llama glándula pineal. Algunas veces se le llama el "tercer ojo"; pero éste es un error, porque nunca fue un ojo, sino más bien el órgano en el que estaba localizada la percepción del calor y del frío, facultad que actualmente está distribuida por todo el cuerpo. Durante la Epoca Polar, dicho sentido estaba localizado en esa forma, así como la visión lo está actualmente en los ojos y el del oído en el órgano del mismo nombre. La extensión del sentido perceptivo (de sensación) desde aquel tiempo, indica la manera como el cuerpo denso total se desarrolla. Y llegará un tiempo también en el que cualquier parte del cuerpo podrá percibir todas las cosas. Los sentidos de la vista y del oído se extenderán a todo el cuerpo, como lo está actualmente el tacto. El hombre será entonces todo ojos y oídos. Los sentidos especializados indican limitación. La percepción sensorial de todo el cuerpo, en comparación, será una perfección.
En los primeros grados, de los que estamos hablando ahora, había una especie de propagación. Aquellas inmensas y abotagadas criaturas se dividían por la mitad, de modo muy semejante a la división de las células, por escisión, pero las porciones separadas no crecían, permaneciendo cada mitad tan grande como la forma original.
LA EPOCA HIPERBOREA
En diferentes puntos del globo incandescente comenzaron a formarse con el transcurso del tiempo costras o islas en medio del mar de fuego.
Entonces aparecieron los Señores de la Forma y los Angeles (la Humanidad del Período Lunar), y envolvieron la forma densa del hombre en un cuerpo vital. Aquellos cuerpos abotagados comenzaron entonces a crecer en tamaño, absorbiendo materiales del exterior por ósmosis, por decirlo así. Cuando se propagaban ya no se dividían en dos mitades, sino en dos partes desiguales. Ambas crecían hasta adquirir el tamaño original del padre.
Como la Epoca Polar era realmente una recapitulación del Período de Saturno, puede decirse que durante ese tiempo el hombre pasó a través del estado mineral; tenía el mismo vehículo -el cuerpo denso- y una conciencia semejante a la del estado del trance. Por razones análogas, atravesó el estado vegetal durante la Epoca Hiperbórea, pues el hombre tenía entonces un cuerpo denso y uno vital, y una conciencia semejante a la del sueño sin ensueños.
El hombre comenzó su evolución en la Tierra después de que Marte fue arrojado de la masa central, y lo que ahora es la Tierra no se había desprendido todavía del Sol; pero al finalizar la Europa Hiperbórea, la incrustación había progresado tanto, que se había convertido en un verdadero obstáculo para el progreso de algunos de los más elevados seres solares. El estado incandescente, por otra parte, obstaculizaba la evolución de algunas criaturas de grado inferior, tales como el hombre, que en este estado necesitaba un mundo más denso para su futuro desarrollo. Por lo tanto, la parte que ahora es la Tierra fue arrojada del Sol al finalizar la Europa Hiperbórea y comenzó a girar en torno del cuerpo de su padre, siguiendo una órbita un tanto distinta de la que ahora sigue. Poco después fueron arrojados Venus y Mercurio, por razones análogas.
La cristalización siempre comienza en el polo del planeta en el cual el movimiento es lento. La parte solidificada va avanzando gradualmente hacia el Ecuador, obedeciendo a la fuerza centrífuga. Si esta fuerza es más fuerte que la tendencia cohesiva, la masa solidificada es arrojada al espacio.
Cuando el globo terrestre fue separado de la masa central, incluía la parte que actualmente es nuestra luna. En este gran globo estaba evolucionando la oleada de vida que ahora está pasando a través del reino humano, así como las oleadas de vida que comenzaron su evolución en los Períodos Solar, Lunar y Terrestre, y que están evolucionando actualmente a través de los reinos animal, vegetal y mineral.
Ya hicimos mención de los rezagados de varios períodos, que en estos últimos tiempos pudieron subir un escalón en la evolución. Había algunos, sin embargo, que no dieron ese paso. No evolucionaban y, en consecuencia, fueron dejados cada vez más atrás, hasta que llegaron a convertirse en un pesado obstáculo e impedimento para los que progresaban. Y se hizo necesario el expulsarlos para que la evolución de los demás no se retardase.
Al principio de la Epoca Lemúrica, esos "fracasados" (nótese que eran fracasados y no meramente rezagados) habían cristalizado la parte de la Tierra ocupada por ellos hasta tal punto que ésa formaba como una inmensa escoria sobre la Tierra blanda e ígnea. Habíanse convertido, pues, en un obstáculo y una obstrucción, y entonces, ellos, junto con la parte de la Tierra que habían cristalizado, fueron arrojados al espacio. Esa es la génesis de la Luna.
LA LUNA: LA OCTAVA ESFERA
Los siete Globos, del A al G, ambos inclusive, son el campo de la evolución. La luna es el campo de la desintegración.
Si la Tierra no hubiese sido desprendida del globo original que ahora es el Sol, la rapidez de la intensidad vibratoria habría disgregado los vehículos humanos. Estos hubieran crecido con una rapidez tal que el crecimiento de los hongos hubiera sido lentísimo, en comparación. Hubiera sido viejo antes de tener tiempo para ser joven. Que ése es el efecto de demasiado sol, se ve en la rapidez con que se crece en los trópicos, en los que se alcanza la madurez y la decrepitud antes que en el norte. Por otra parte, si la Luna se hubiera quedado con la Tierra, el hombre se habría cristalizado hasta convertirse en una estatua. La separación de la Tierra del Sol, quien ahora envía sus rayos desde una enorme distancia, permite al hombre vivir en un grado de vibración apropiada y desarrollarse lentamente. Las fuerzas lunares le llegan de la distancia necesaria, para permitirle construir el cuerpo con densidad conveniente. Pero aún cuando estas últimas fuerzas son activas en la construcción del cuerpo, pueden también ocasionar la muerte si su obra continuada acaba por cristalizar los tejidos orgánicos.
El Sol obra sobre el cuerpo vital, y es la fuerza que trabaja por la vida, y lucha contra las fuerzas lunares que trabajan por la muerte.
LA EPOCA LEMURICA
En esta Epoca aparecieron los Arcángeles (la humanidad del Período Solar) y los Señores de la Mente (humanidad del Período de Saturno). Los Señores de la Forma, que tenían a su cargo el Período Terrestre, ayudaron a aquellas jerarquías. Además ayudaron al hombre a construir su cuerpo de deseos, y los Señores de la Mente les dieron el germen mental a la mayor parte de los adelantados o precursores que formaban la clase 1, de acuerdo con la clasificación del diagrama 10.
Los Señores de la Forma vivificaron el espíritu humano en todos los rezagados del Período Lunar que habían hecho el progreso necesario en las tres revoluciones y media que habían transcurrido desde el comienzo del Período Terrestre; pero en aquel entonces los Señores de la Mente no pudieron darles el germen mental. En esta forma quedó una gran parte de la humanidad naciente sin ese eslabón de unión entre el triple cuerpo.
Los señores de la Mente se hicieron cargo de la parte superior del cuerpo de deseos y de la mente germinal, impregnándolos con la cualidad de la personalidad separatista, sin la cual no hubieran podido existir seres separados, contenidos en sí mismos, como los que hoy conocemos.
Debemos a los Señores de la Mente la personalidad individual con todas las posibilidades de experiencia y crecimiento que ella puede proporcionarnos. Este punto marca el nacimiento del individuo.
NACIMIENTO DEL INDIVIDUO
El diagrama 1 mostrará el hecho de que la personalidad es la imagen reflejada del Espíritu, siendo la mente el espejo o foco.
Así mismo en las aguas de un estanque los árboles aparecen invertidos, pareciendo que el follaje se halla en lo más profundo del agua, así también el aspecto más elevado del espíritu (el Espíritu Divino) encuentra su contraparte en el más inferior de los tres cuerpos (el cuerpo denso). El espíritu inmediato inferior (el cuerpo vital). El tercer espíritu (el Espíritu Humano) y su reflexión, el tercer cuerpo (el de deseos), aparecen más próximos al espejo reflector, que es la mente, correspondiendo ésta a la superficie del lago, el medio reflector de nuestra analogía.
El espíritu descendió de los mundos superiores durante la involución, y por acción concurrente los cuerpos se elevaron en el mismo período. El encuentro de estas dos corrientes en el foco o mente es lo que marca el punto en el que nace el individuo, el ser humano, el Ego; cuando el Espíritu toma posesión de sus vehículos.
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Diagaram 11A: Tabla de Vibraciones
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Sin embargo no debemos imaginarnos que una vez alcanzado esto el hombre llegó a su estado actual de evolución haciéndose consciente de sí, ser pensante, etc., como lo es hoy. Antes de que alcanzara ese punto tuvo que recorrer un largo y pesado camino, porque en ese entonces los órganos estaban en su estado más rudimentario y no había cerebro alguno que pudiera emplearse como medio de expresión. De aquí que la conciencia fuera entonces lo más pequeña imaginable. En una palabra, el hombre de aquel entonces estaba lejos de ser tan inteligente como nuestros animales actuales. El primer paso hacia el mejoramiento fue la construcción del cerebro para usarlo como instrumento de la mente en el Mundo Físico. Y esto se realizó separando a la humanidad en sexos.
SEPARACION DE LOS SEXOS
Contrariamente a la idea generalmente aceptada, el Ego es bisexual. Si el Ego fuera asexual, el cuerpo sería necesariamente asexual también, porque el cuerpo no es más que el símbolo externo del espíritu interno.
El sexo del Ego no se manifiesta, por supuesto, como tal en los mundos internos, sino como dos cualidades distintas: Voluntad e Imaginación. La Voluntad es la fuerza masculina y está aliada a las fuerzas solares; la Imaginación es el poder femenino y está siempre unida a las fuerzas lunares. Esto explica el predominio de la imaginación en la mujer y el poder especial que la Luna ejerce sobre el organismo femenino.
Cuando la materia con que se formaron después la Tierra y la Luna era todavía parte del Sol, el cuerpo del hombre naciente era aún plástico y las fuerzas de la parte que después se convirtió en Sol y las de la parte que ahora es la Luna obraban fácilmente en todos los cuerpos, así que el hombre de la Epoca Hiperbórea era hermafrodita, capaz de producir otro ser de sí mismo, sin la intervención de ningún otro.
Cuando la Tierra se separó del Sol y poco después de haber arrojado a la Luna, las fuerzas de las dos luminarias no encontraron modo de expresarse con igualdad, como anteriormente. Algunos cuerpos se hicieron mejores conductores de las unas y otros de las otras.
INFLUENCIA DE MARTE
En la parte del Período Terrestre que precedió a la separación de los sexos - durante las tres revoluciones y media que tuvieron lugar entre la diferenciación de Marte y el comienzo de la Epoca Lemúrica- Marte viajaba siguiendo una órbita distinta de la que ahora sigue, y su aura (esa parte de los vehículos sutiles que se extiende más allá del planeta denso) compenetró el cuerpo del planeta central y polarizó el hierro que en él había.
Como el hierro es esencial para la producción de sangre roja y caliente, todas las criaturas eran de sangre fría, o mejor dicho, la parte fluídica de sus cuerpos tenía la misma temperatura que la atmósfera que las rodeaba.
Cuando la Tierra fue arrojada del Sol Central, ese acontecimiento modificó las órbitas de los planetas y de esta manera disminuyó la influencia de Marte sobre el hierro. El Espíritu Planetario de Marte reabsorbió el resto de esa influencia, y aunque los cuerpos de deseos de la Tierra y de Marte aún se penetraban, el poder dinámico de Marte sobre el hierro (que es un metal marciano) cesó, y el hierro fue entonces utilizable para emplearlo en nuestro planeta.
El hierro es, en realidad, la base de toda existencia separada. Sin el hierro, la sangre roja y productora de calor sería una imposibilidad, y el Ego no tendría asidero alguno en el cuerpo. Cuando se desarrolló la sangre roja -en la última parte de la Epoca Lemúrica- el cuerpo se enderezó, y entonces pudo el Ego penetrar dentro de su cuerpo y gobernarlo.
Pero el entrar en el cuerpo no es ni el fin ni el objeto de la evolución. Es, sencillamente, un medio para que el Ego pueda expresarse mejor a través de su instrumento, para que pueda manifestarse en el Mundo Físico. Con ese fin debe construir los órganos de los sentidos, la laringe y, sobre todo, el cerebro, perfeccionándolos después.
Durante la primera parte de la Europa Hiperbórea, mientras la Tierra estaba todavía unida al sol, las fuerzas solares suministraban al hombre el sustento que necesitaba e inconscientemente éste irradiaba el exceso fuera de sí mismo con el propósito de propagarse.
Cuando el Ego entró en posesión de sus vehículos, se hizo necesario emplear parte de esa fuerza en la construcción del cerebro y de la laringe, que originalmente eran una parte del órgano creador. La laringe se formó mientras el cuerpo denso tenía la forma de saco, abotagada, ya descrita, cuya forma es la que todavía tiene el embrión humano. Conforme el cuerpo denso se fue enderezando, parte del órgano creador permaneció con la parte superior del cuerpo denso y la última se convirtió en laringe.
En esta forma, la fuerza dual creadora que ya había trabajado anteriormente en una sola dirección, con objeto de crear otro ser, se dividió. Una parte se empleó y dirigió hacia arriba para la construcción del cerebro y de la laringe, por cuyo intermedio el Ego fue capaz de pensar y de comunicar sus pensamientos a los demás seres.
Como resultado de este cambio, únicamente una parte de la fuerza esencial para la creación de otro ser era utilizable para cada individuo, y así se hizo necesario para cada ser individual el buscar la cooperación de otro que poseyera la parte de fuerza pro-creadora que a él le faltaba.
En esta forma, la entidad evolucionante obtuvo la conciencia cerebral del mundo externo a costa de la mitad de su poder creador. Antes de entonces el individuo usaba en sí las dos partes de ese poder para exteriorizar otro ser. Como resultado de esa modificación, adquirió, sin embargo, el poder de crear y de expresar pensamientos. Antes de ello era un creador en el Mundo Físico solamente; después obtuvo la capacidad de crear en los tres mundos.
LAS RAZAS Y SUS GUIAS
Ante se entrar a considerar en detalle la evolución de los lemures, será conveniente dar un vistazo general a las Razas y sus Guías.
Algunas obras muy estimables sobre Ocultismo, que han traído al público las enseñanzas de la Sabiduría Oriental, contienen, sin embargo, ciertos errores, debido a haber interpretado mal las enseñanzas los que tuvieron la felicidad de recibirlas. Todos los libros no escritos directamente por los Hermanos Mayores están sujetos a tales errores. Considerando las muchas y extremadas complicaciones del asunto, lo maravilloso no es que se cometan errores, sino que se cometan con tan poca frecuencia. Por lo tanto, el autor no tiene la menor intención de criticar, reconociendo que más numerosos y más graves errores pueden haberse deslizado en esta obra, debido a su concepción errónea de la enseñanza. Simplemente, indica el autor en los siguientes párrafos lo que ha recibido, lo que muestra cómo pueden conciliarse las diferentes (y aparentemente contradictorias) enseñanzas, de obras tan valiosas como La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, y El Buddhismo Esotérico, de A. P. Sinnett.
Esa parte de la evolución humana que debe ser realizada durante la jornada actual de la oleada de vida en nuestra Tierra puede dividirse en siete grandes estados o Epocas; pero en realidad no puede llamárselas propiamente razas. Nada a lo que propiamente pueda aplicarse ese nombre apareció hasta el final de la Epoca Lemúrica. Desde aquel entonces, diferentes razas se sucedieron las unas a las otras a través de las Epocas Atlante y Aria, y se extenderán ligeramente en la gran Sexta Epoca.
El número total de razas -pasadas, presentes y futuras- en nuestro esquema evolutivo, es dieciséis: Una al final de la Epoca Lemúrica, siete durante la Epoca Atlante, siete más en nuestra actual Epoca Aria, y otra más al comenzar la Sexta Epoca. Después de ella no habrá nada que pueda denominarse propiamente raza.
Las razas no han existido en los períodos que han precedido al Período Terrestre y no existirán tampoco en los períodos subsiguientes. Unicamente aquí, en el nadir de la materialidad, pueden existir tan grandes diferencias entre hombre y hombre como para producir distinciones de razas.
Los Guías inmediatos de la humanidad (aparte de las Jerarquías Creadoras) que han ayudado al hombre a dar los primeros pasos en la Evolución, después de haberle dado sus vehículos durante la Involución, son Seres mucho más desarrollados en el sendero de la evolución que el hombre. Han venido a realizar esa obra de amor desde los dos planetas que están situados entre la Tierra y el Sol: Venus y Mercurio.
Los Seres que habitan Venus y Mercurio no están tan avanzados como aquellos cuyo actual campo de evolución es el Sol, pero están mucho más desarrollados que nuestra humanidad. Por lo tanto, aquellos permanecieron durante algún tiempo más en la masa central que los habitantes de la Tierra; pero en cierto punto de su desarrollo necesitaron campos de evolución separados y, en consecuencia, fueron arrojados sucesivamente esos dos planetas; Venus primero y después Mercurio. Y cada uno quedó en la proximidad necesaria para asegurar la intensidad vibratoria conveniente a su evolución. Los habitantes de Mercurio son los más avanzados y, por lo tanto, están más próximos al Sol.
Algunos de los habitantes de cada planeta fueron enviados a la Tierra para ayudar a la naciente humanidad, y los ocultistas los conocen bajo el nombre de "Señores de Venus" y "Señores de Mercurio".
Los Señores de Venus fueron los Guías de la masa de nuestro pueblo. Eran seres inferiores de la evolución de Venus, los que aparecieron entre los hombres y fueron reconocidos como "mensajeros de los Dioses". Para el bien de la humanidad se prestaron a guiarla y conducirla, grado por grado. No hubo rebelión alguna contra su autoridad, porque el hombre no había desarrollado aún voluntad independiente. Con objeto de llevarlo hasta el grado en que pudiera manifestarse su voluntad y juicio, lo guiaron hasta que el hombre se capacitara para guiarse a sí mismo.
Se reconoció que estos mensajeros eran iguales a los Dioses. Se les reverenciaba profundamente y sus órdenes eran obedecidas sin discusión.
Cuando bajo la dirección de esos Seres llegó la humanidad a cierto grado de progreso, los más avanzados fueron colocados bajo la dirección de los Señores de Mercurio, quienes los iniciaron en las verdades más elevadas con el propósito de convertirlos en guías o caudillos del pueblo. Estos iniciados fueron entonces exaltados a la dignidad de reyes y fueron los fundadores de las dinastías de Legisladores Divinos, quienes eran ciertamente reyes "por la gracia de Dios", es decir, por la gracia de los Señores de Venus y Mercurio, que eran como Dioses para la infante humanidad. Ellos guiaron e instruyeron a los reyes para beneficio del pueblo y no para que se engrandecieran o se arrogaran derechos a expensas de aquél.
En ese tiempo un Regente era como una verdad sagrada para educar y ayudar a su pueblo, para aliviar y sostener la equidad y el bienestar. De ahí que mientras reinaron esos reyes todo prosperaba y fuera ciertamente una Edad de Oro. Sin embargo, conforme sigamos la evolución del hombre en detalle, veremos que la fase o período presente de desarrollo, aunque no puede llamarse una edad de oro como no sea en sentido material, es, sin embargo, necesaria, con objeto de llevar al hombre hasta el punto en el que pueda guiarse a sí mismo, porque el dominio de sí mismo es el fin y el objeto de toda reglamentación. Ningún hombre puede subsistir seguro y salvo sin gobierno si no ha aprendido a dominarse a sí mismo, y en el actual grado de desenvolvimiento ésta es la tarea más fuerte que se le puede proporcionar. Es muy fácil ordenar a los otros o dominarlos; lo difícil es obligarse a obedecer así mismo.
INFLUENCIA DE MERCURIO
El propósito de los Señores de Mercurio durante todo este tiempo, así como el objeto de todos los Hierofantes de los Misterios desde entonces y el de todas las escuelas ocultistas y el de nuestros días, era y es el de enseñar al candidato el arte de dominarse a sí mismo. En proporción directa a la capacidad que el hombre tenga para dominarse a sí mismo, únicamente en esa proporción, estará calificado para gobernar a los demás. Si nuestros actuales legisladores o directores de las masas pudieran dominarse a sí mismos, tendríamos nuevamente el Milenio o Edad de Oro.
Así como los Señores de Venus obraron sobre las masas de edades antiquísimas, así también los Señores de Mercurio están trabajando actualmente sobre el Individuo, capacitándolo para el dominio de sí mismo e, incidentalmente sólo, no principalmente, para el dominio de los demás. Este trabajo de su parte no es más que el principio de lo que será una influencia mercurial creciente durante el resto de las tres revoluciones y media que quedan del Período Terrestre.
Durante las tres revoluciones y media primeras Marte hizo su obra, polarizando el hierro, previniendo la formación de la sangre roja y obstaculizando la entrada del Ego en el cuerpo hasta que este último hubiera adquirido el conveniente grado de desenvolvimiento.
Durante las últimas tres revoluciones y media, Mercurio obrará con objeto de librar al Ego de sus vehículos más densos por medio de la Iniciación.
Incidentalmente puede notarse que así como Marte polarizó el hierro, así también Mercurio ha polarizado el metal que lleva su nombre, y la obra de ese metal mostrará muy bien esa tendencia de sacar al espíritu del cuerpo; de librar al primero del segundo.
Esa terrible enfermedad, la sífilis, es un ejemplo del estado en que se encuentra el Ego emparedado en demasiada extensión en su cuerpo. Mercurio suficiente destruye ese estado, hace perder la adherencia del cuerpo sobre el Espíritu o Ego y permite al último la relativa libertad de que goza en las personas normales. Pero por otra parte una dosis exagerada de mercurio causa la parálisis, por libertar al hombre demasiado del cuerpo denso impropiamente.
Los Señores de Mercurio enseñaron al hombre a abandonar y penetrar en el cuerpo a voluntad; a funcionar en sus vehículos superiores independientemente del cuerpo denso, de manera que este último se convirtió en una casa confortable y alegre en vez de ser una oscura prisión, un útil instrumento en vez de una cárcel.
Por lo tanto, la ciencia oculta habla del Período Terrestre como Marte- Mercurio, y, en realidad, puede decirse en verdad que hemos estado en Marte y que vamos hacia Mercurio, según se dice en una de las obras ocultistas mencionada anteriormente. Es también cierto, sin embargo, que nunca hemos habitado el planeta Marte, ni estamos viviendo ahora en la Tierra, para ir a vivir en el futuro al planeta Mercurio, como otra de las obras mencionadas indica, con la intención de corregir un error de la primera.
Estando Mercurio actualmente postergado, ejerce muy poca influencia sobre nosotros, pero está emergiendo del período de reposo planetario, y conforme vaya pasando el tiempo, su influencia se irá haciendo más y más evidente como factor de nuestra evolución. Las razas venideras obtendrán mucha ayuda de los mercurianos, y los pueblos que las sigan en Epocas y Revoluciones posteriores obtendrán aún más.
LA RAZA LEMURICA
Nos encontramos ahora en condiciones de comprender las indicaciones que siguen referentes a las entidades humanas que vivieron en la última parte de la Epoca Lemúrica, a quienes podemos llamar la Raza Lemúrica.
La atmósfera de la Lemuria era todavía muy densa, un tanto parecida a la niebla ígena del Período Lunar, pero más densa. La corteza terrestre entonces comenzaba a adquirir dureza y solidez en algunas partes, mientras que en otras todavía estaba en fusión, y entre esas islas de corteza dura había un mar de agua en ebullición. Erupciones volcánicas y cataclismos marcaron el tiempo en el que los fuegos ardientes luchaban contra la formación de la corteza que los rodeaba y que los iba aprisionando.
Y sobre las partes más duras y relativamente enfriadas vivió el hombre rodeado por bosques gigantescos y por animales de enorme tamaño. Las formas de los animales y hombres eran todavía muy plásticas. El esqueleto ya se había formado, pero el hombre tenía gran poder para modificar o moldear la carne de su cuerpo y la de los animales que lo rodeaban.
Cuando el hombre nació podía oír y tenía tacto, pero su visión o percepción de la luz no vino hasta más tarde. Tenemos actualmente casos análogos en animales tales como los gatos y perros, cuyos cachorritos reciben el sentido de la vista algún tiempo después de nacer. Los lemures no tenían ojos. Tenían dos especies de manchitas o puntos sensibles que eran afectados por la luz solar que atravesaba confusa y vagamente la atmósfera de fuego de la antigua Lemuria, pero hasta casi al final de la Epoca Atlante no tuvieron la vista tal como hoy la conocemos. Desde aquel momento progresó la construcción del ojo. Mientras el Sol estaba adentro -es decir, mientras la Tierra formaba parte de esa masa luminosa- el hombre no precisaba ninguna iluminación externa: El mismo era luminoso. Pero cuando la Tierra obscura fue separada del Sol, se hizo necesario el poder que pudiera percibir la luz, y por lo tanto, al llegar sus rayos hasta el hombre, éste los percibía. La Naturaleza construyó el ojo como perceptor de luz únicamente en respuesta a la función ya existente, cuyo caso es invariable según lo demostró hábilmente el profesor Huxley. La amiba no tiene estómago, y sin embargo, digiere. Es toda estómago. La necesidad de digerir el alimento fue la que formó el estómago con el transcurso del tiempo, pero la digestión tuvo lugar antes de que se formara el canal digestivo. Y de análoga manera la percepción de la luz produjo los ojos. La luz misma es la que mantiene el ojo y la que lo creó. Donde no hay luz alguna no puede tampoco existir el ojo. En ciertos casos en los que algunos animales han sido metidos en cavernas -privándolos de toda luz- los ojos se han degenerado y hasta atrofiado, pues no había luz alguna para sostenerlos y porque en cavernas obscuras no se necesitan ojos. Los lemures necesitaban ojos; tenían percepción de la luz y la luz comenzó a construir el ojo como respuesta a aquella percepción.
Su lenguaje estaba formado por sonidos, análogos a los de la Naturaleza. El murmullo del viento en los bosques inmensos, que crecían lujuriantes en aquel clima supertropical, el aullido de la tempestad, el susurro del arroyuelo, el ruido de las cataratas, el rugido de los volcanes, todos esos sones eran para el hombre de entonces como las voces de los Dioses de quienes sabía que él mismo descendía.
Del nacimiento de su cuerpo no supo nada. No podía ni ver a éste ni a otras cosas, pero percibía a sus semejantes. Era, sin embargo, una percepción interna, un tanto semejante a cuando en sueños percibimos personas o cosas, pero con esta diferencia importantísima, que sus percepciones internas eran claras y racionales.
Así que no sabía nada sobre su cuerpo, ni sabía siquiera que tenía un cuerpo, así como tampoco sentimos nosotros que tenemos un estómago cuando éste está en buena salud. Nos acordamos de su existencia únicamente cuando nuestros abusos nos lo recuerdan con dolores en él. Bajo condiciones normales estamos completamente inconscientes de sus procesos. Y análogamente el cuerpo de los lemures les prestaba excelentes servicios aún cuando no estuvieran seguros de su existencia. El dolor fue el medio de hacerles sentir el cuerpo y el mundo externo.
Todo cuanto se relacionaba con la propagación de la raza y el nacimiento fue ejecutado bajo la dirección de los Angeles guiados a su vez por Jehová, el regente de la Luna. La función procreadora se llevaba a cabo en determinadas épocas del año, cuando las líneas de fuerza de planeta a planeta formaban el ángulo apropiado. Y como la fuerza creadora no encontraba obstrucción alguna, el parto era sin dolor. El hombre era inconsciente del nacimiento, pues en aquel entonces estaba tan inconsciente del Mundo Físico como lo estamos ahora nosotros durante el sueño. Unicamente mediante el íntimo contacto de las relaciones sexuales sintió el espíritu la carne, y el hombre "conoció" a su esposa. A esto se refieren varios pasajes de la Biblia, como cuando dice que "Adán conoció a Eva y ella concibió a Seth"; "Elkanah conoció a Hannah y ella concibió a Samuel"; y la pregunta de María: "¿Cómo podré concebir si no conozco a hombre alguno?" Eso es también la clave del "Arbol del Conocimiento", cuyo fruto abrió los ojos de Adán y de Eva de manera que pudieran conocer el bien, pero cuando comenzaron a ejercer la función creadora independientemente, ignorando las influencias estelares (o astrales) al igual que sus descendientes, y la supuesta maldición de Jehová, no era maldición en manera alguna, sino una sencilla indicación del resultado que inevitablemente produciría el empleo de la fuerza generadora, sin tomar en consideración el efecto de las influencias estelares para traer a la vida un nuevo ser.
De manera que el empleo ignorante de la fuerza generadora es el responsable del dolor, de la enfermedad y de la tristeza.
El lemur no conocía la muerte porque, cuando en el transcurso de largas edades se inutilizaba su cuerpo, entraba en otro, completamente inconsciente del cambio. Su conciencia no estaba enfocada en el mundo físico, y, en consecuencia, abandonar su cuerpo para tomar otro, para él no era más que como la caída de una hoja seca del árbol, la que es substituida en seguida por un nuevo brote.
El lenguaje era para los lemures algo santo. No era, como el nuestro, un simple arreglo de sonidos. Cada sonido emitido por los lemures tenía poder sobre sus semejantes, sobre los animales y hasta sobre la Naturaleza que los rodeaba. Por lo tanto, bajo la dirección de los Señores de Venus, quienes eran los mensajeros de Dios -emisarios de las Jerarquías Creadoras-, el poder del lenguaje fue empleado con gran reverencia, como algo extraordinariamente santo.
La educación de los niños difería grandemente de la de las niñas. Los métodos educativos de los lemures parecerían chocantes para nuestra más refinada sensibilidad. Para no herir los sentimientos del lector, únicamente hablaremos del menos cruel de todos ellos. Por inhumano en extremo que pueda parecer, débese recordar que el cuerpo de los lemures no estaba tan altamente sensibilizado como los cuerpos humanos de nuestros días, y que únicamente mediante prácticas durísimas podía llegarse a su conciencia extremadamente obscura y pesada. En el transcurso del tiempo, conforme la conciencia se iba despertando, esas prácticas crueles fueron abandonándose por innecesarias, pero en aquel entonces eran indispensables para despertar las adormecidas fuerzas del espíritu a la conciencia del mundo externo.
La educación de los niños estaba especialmente encaminada a desarrollar la Voluntad. Se les hacía luchar unos contra otros, y esas luchas eran extremadamente brutales. Se les empalaba, pero dejándolos de manera que pudieran desempalarse a voluntad, para ejercitar el poder de la voluntad debían quedarse allí, a pesar del dolor. Aprendían a mantener sus músculos en tensión y a llevar inmensas cargas para ejercitar la voluntad.
La educación de las niñas estaba encaminada al desarrollo de la facultad imaginativa. Y también se les sujetaba a prácticas inhumanas y severas. Se las metía en los bosques inmensos, para que el sonido del viento entre la fronda les hablara, y se las abandonaba en medio de la furia de las tempestades y de las inundaciones. De esta suerte aprendían a no temer esos paroxismos de la Naturaleza y a percibir únicamente la grandeza de los elementos en lucha. La frecuencia de las erupciones volcánicas era también de gran valor como medio educativo, conducente muy especialmente al despertar de la memoria.
Tales métodos educacionales estarían completamente fuera de lugar en nuestros días, pero no perjudicaron a los lemures porque no tenían memoria. No importaba cuán dolorosas o aterrorizantes fueran las experiencias soportadas; una vez pasadas se olvidaban inmediatamente. Las terribles experiencias citadas tenían por objeto despertar la memoria, imprimir en el cerebro esos impactos violentos y repetidos constantemente, porque la memoria es necesaria para que las experiencias del pasado puedan emplearse como guía de la acción.
La educación de las niñas desarrollaba la memoria germinal y vacilante. La primera idea de Bien y Mal fue formulada por ellas debido a sus experiencias, que obraron fuertemente sobre su imaginación. Las experiencias que producían el resultado esperado se consideraban como "buenas", mientras que las que no producían el tan anhelado resultado eran consideradas "malas".
Así que la mujer fue el precursor de la cultura, siendo la primera en desarrollar la idea de una "buena vida", por lo que la mujer se hizo un exponente muy estimado entre los antiguos, y en este respecto ella ha estado a la vanguardia noblemente desde entonces. Por supuesto, como todos los Egos encarnan alternativamente como machos y como hembras, no hay en realidad preeminencia alguna. Es simplemente que los que encarnan en un cuerpo denso del sexo femenino tienen un cuerpo vital positivo y, por lo tanto, son más sensibles a las cosas espirituales que cuando el cuerpo vital es negativo como en el varón.
Como hemos visto, el lemur era un mago de nacimiento. Se sentía a sí mismo descendiente de los Dioses, un ser espiritual; en consecuencia, su línea de desarrollo no era la obtención de conocimientos espirituales sino materiales. Los Templos de Iniciación para los más avanzados no necesitaban revelar al hombre ese elevado origen ni educarles para realizar cosas mágicas o instruirles para funcionar en el Mundo del Deseo o en los reinos superiores. Tales instrucciones son hoy necesarias porque el hombre corriente no tiene conocimiento del mundo espiritual, ni puede funcionar en los reinos suprafísicos. El lemur, sin embargo, poseía ese conocimiento y podía ejercer esas facultades; pero, por otro lado, ignoraba las Leyes del Cosmos y los hechos relacionados con el Mundo Físico, que son cosas y conocimientos comunes a todos actualmente. Por lo tanto, en las Escuelas Iniciáticas se le enseñaba el arte, las leyes de la Naturaleza y los hechos relacionados con el universo físico. Se fortalecía su voluntad, despertando su imaginación y memoria, de manera que pudiera correlacionar las experiencias e inventar medios de acción cuando sus experiencias pasadas no servían para indicar el procedimiento apropiado. Así que los Templos de Iniciación de los tiempos lemúricos eran Escuelas Superiores para el desarrollo del poder de la voluntad y de la imaginación con cursos posteriores graduados sobre Arte y Ciencia.
Sin embargo, aún cuando el lemur era un mago nato, nunca empleó mal sus poderes, porque se sentía relacionado a los Dioses. Bajo la dirección de los Mensajeros de Dios, de quienes ya hablamos, sus fuerzas fueron dirigidas hacia la construcción de formas para los mundos vegetal y animal. Para el materialista puede ser muy difícil comprender como pudieron efectuar esa obra si no podían ver el mundo en torno de ellos. Es cierto que no podían "ver" tal como comprendemos esa palabra o como vemos actualmente los objetos exteriores con nuestros ojos físicos. Sin embargo, así como los niños, en su pureza, son clarividentes hoy día mientras permanecen en su inocencia inmaculada, sin pecado, así también los lemures, que entonces eran puros e inocentes, poseían una percepción interna que les proporcionaba solamente una vaga idea de la forma externa de cualquier objeto, pero muy iluminada en su naturaleza interna, en su calidad anímica, por una percepción espiritual nacida de la pureza de su inocencia.
La inocencia, sin embargo, no es sinónima de Virtud. La inocencia es la infancia de la Ignorancia y no puede conservarse en un universo en el que el propósito de la evolución es la adquisición de la Sabiduría. Para llegar a ese fin, el conocimiento del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, es esencial, así como también la libertad de elección en el obrar.
Si poseyendo el conocimiento y la libertad de elección el hombre se coloca del lado del Bien y de lo Justo, cultiva la Virtud y la Sabiduría. Si sucumbe a la tentación y hace el mal con conocimiento, desarrolla el vicio.
Pero el plan de Dios no puede ser llevado a la nada, sin embargo. Cada acto es una semilla para la ley de consecuencia. Recogemos lo que sembramos. La cizaña de las malas acciones lleva en sí flores de tristeza y sufrimiento, y cuando sus semillas han caído en el corazón castigado, cuando han sido humedecidas por las lágrimas del arrepentimiento, la Virtud florecerá después en él definitivamente. ¿No es una verdadera bendición la seguridad de que a pesar del mal que hagamos el Bien triunfará al fin, porque en el Reino de nuestro Padre sólo el Bien triunfará al fin, porque en el Reino de nuestro Padre sólo el bien puede perdurar?
Por lo tanto, la "Caída" con su consiguiente dolor y sufrimiento no es sino un estado temporal que vemos como a través de un cristal empañado, pero pronto nos encontraremos frente a frente con Dios, a quien perciben los puros de corazón, dentro y fuera de sí mismos.
LA CAIDA DEL HOMBRE
Esta es, cabalísticamente descripta, la experiencia de una pareja, la que, por supuesto, representa a la humanidad. La clave se encuentra en el versículo en el que el Mensajero de los Dioses dice a la mujer: "Parirás a tus hijos con dolor"; la misma se encuentra en la sentencia de morir que fue pronunciada al mismo tiempo.
Se observará que, anteriormente a la Caída, la conciencia no estaba enfocada en el Mundo Físico. El hombre estaba inconsciente de la propagación, del nacimiento y de la muerte. Los Angeles que tenían a su cargo y trabajaban el cuerpo vital (el medio de propagación) regulaban la función procreadora y juntaban los sexos en ciertas estaciones del año, empleando las fuerzas solares y lunares cuando podían producir las condiciones más propicias para la fecundación, realizándose la unión inconscientemente de parte de los participantes al principio, pero más tarde produjo un conocimiento físico momentáneo. Entonces el período de la gestación no ocasionaba molestia alguna y el parto de hacía sin dolor, estando sumergidos los padres en un sueño profundo. El nacimiento y la muerte no implicaban soluciones de continuidad en la conciencia y, por lo tanto, no existían para los lemures.
Su conciencia estaba dirigida directamente hacia adentro. Percibía las cosas físicas de una manera espiritual, como cuando las percibimos en sueños, en cuyo momento todo lo que vemos está dentro de nosotros mismos.
Cuando "sus ojos fueron abiertos" y su conciencia fue dirigida hacia afuera, a los hechos del Mundo Físico, se alteraron esas condiciones. La propagación fue dirigida no por los Angeles, sino por el hombre, quien ignoraba la operación de las fuerzas solares y lunares. Y también abuso de la función sexual, empleándola para gratificar sus sentidos, siendo el resultado de todo esto que el dolor acompañó el proceso de la gestación y nacimiento. Entonces su conciencia se localizó en el Mundo Físico, si bien todas las cosas no se le aparecieron con nitidez hasta la última parte de la Epoca Atlante. Sólo entonces comenzó a conocer la muerte debido a la solución de continuidad que se producía en su conciencia cuando pasaba a los mundos superiores después de morir y cuando retrocedía al Mundo Físico para renacer.
La apertura de sus "ojos" se efectuó de la siguiente manera: Recordaremos que cuando se separaban los sexos, el macho se convirtió en una expresión de la Voluntad, que es una parte de la doble fuerza anímica (del alma); expresando la hembra, por su parte, la Imaginación. Si la mujer no fuera imaginativa, no podría construir el nuevo cuerpo en su matriz y los espermatozoides no serían tampoco la concentración de la voluntad humana, no pudiéndose por lo tanto, realizar la impregnación y comenzar la germinación, la que resulta de la continuada segmentación del óvulo.
Esas dos fuerzas, Voluntad e Imaginación, son ambas necesarias para la propagación de los cuerpos. Desde la separación de los sexos, una de esas dos fuerzas permanece, sin embargo, con cada individuo, y únicamente la parte que se da es utilizable para la generación. De ahí la necesidad para el ser unisexual que expresaba una sola clase de fuerza anímica, de unirse a otro que expresara la fuerza anímica complementaria. Esto ya fue explicado anteriormente. Además, la parte de fuerza anímica no utilizada en la propagación es utilizable para el crecimiento interno. Mientras el hombre empleara totalmente la doble fuerza sexual para la generación, no podría realizar nada en el sentido de crecimiento anímico propio. Pero desde entonces la parte no empleada mediante los órganos sexuales ha sido apropiada por el espíritu para construir el cerebro y la laringe para su expresión.
Así seguía construyendo el hombre durante la última parte de la Epoca Lemúrica y los primeros dos tercios de la Epoca Atlánte, hasta que, por medio del ya mencionado empleo de la mitad de su fuerza sexual, se convirtió en un ser pensante, razonador, completamente consciente.
En el hombre, el cerebro es el eslabón entre el espíritu y el mundo externo. No puede saber nada acerca del mundo externo sino por intermedio del cerebro. Los órganos de los sentidos son simples conductores que llevan al cerebro los choques del exterior, y el cerebro es el instrumento que interpreta y coordina esos impactos, choques o impresiones. Los Angeles pertenecen a una evolución diferente y no han estado nunca aprisionados en un cuerpo tan denso y pesado como el nuestro. Aprendieron a obtener conocimiento sin necesidad de cerebro físico. Su vehículo inferior es el cuerpo vital. La Sabiduría vino a ellos como un don, sin necesidad de laborioso pensamiento a través de un cerebro físico.
El hombre, sin embargo, tuvo que "caer en la generación" y trabajar para su conocimiento. El espíritu, por medio de una parte de la fuerza sexual dirigida hacia adentro, construye el cerebro para ir atesorando el conocimiento del Mundo Físico, y la misma fuerza se sigue empleando para alimentar y seguir construyendo el cerebro hoy en día. La fuerza estará mal empleada mientras el hombre la conserve, pues debería salir para procrear, pero el hombre la retiene con propósitos egoístas. No sucede así con los Angeles. Estos no han experimentado división alguna de sus poderes anímicos, y, por lo tanto, pueden exteriorizar su doble fuerza anímica sin reservarse nada egoístamente.
La fuerza que se exterioriza con el propósito de crear otro ser es Amor. Los Angeles exteriorizan todo su amor sin egoísmo o deseo de compensación, fluyendo así la Sabiduría en ellos.
El hombre exterioriza únicamente parte de su amor: El resto lo guarda egoístamente y lo emplea para construir sus órganos internos de expresión, para mejorarse a sí mismo; de suerte que su amor es egoísta y sensual. Con una parte de su poder anímico creador, ama interesadamente a otro ser porque desea la cooperación en la procreación. Con la otra parte de su poder anímico creador, piensa (también por razones egoístas), porque desea conocimientos.
Los Angeles aman sin deseo, pero el hombre tuvo que pasar por el egoísmo. Debe desear y trabajar interesadamente para adquirir sabiduría, a fin de que pueda alcanzar en un escalón más elevado, el desprendimiento de todo interés.
Los Angeles lo ayudaron a propagarse aún después de la subversión de parte de la fuerza anímica. Lo ayudaron también a construir el cerebro físico, pero no tenían conocimiento alguno que pudiera ser transmitido por su intermedio, porque no sabían cómo usar tal instrumento y no podía hablar directamente a un ser con cerebro. Todo lo que ellos podían hacer era dirigir la expresión física del amor del hombre y guiarlo a través de las emociones de una manera amante e inocente, salvando así al hombre del dolor y sufrimiento incidental que el ejercicio de las funciones sexuales podía producirle haciéndolo sin sabiduría.
Si este régimen hubiera subsistido, el hombre hubiera seguido siendo un autómata guiado por Dios, y nunca se habría convertido en una personalidad, un individuo. El que se haya convertido en individuo ha sido debido a una clase de entidades mucho más malignas, llamadas los Espíritus Luciferes.
LOS ESPIRITUS LUCIFERES
Estos espíritus eran una clase de rezagados de la oleada de vida de los Angeles. En el Período Lunar se encontraban mucho más allá de la gran masa de aquellos que actualmente son nuestra más avanzada humanidad. No han progresado tanto como los Angeles, que eran la humanidad adelantada de la Luna; pero, sin embargo, estaban mucho más avanzados que nuestra humanidad actual, y, por lo tanto, era imposible para ellos tomar un cuerpo denso como el que hemos tomado nosotros; no obstante, no podían tener conocimiento sin un órgano interno, un cerebro físico. Estaban, por decirlo así, a mitad de camino entre el hombre, que tiene cerebro, y los Angeles, que no necesitan nada. En una palabra, eran semidioses.
Se encontraban, pues, en una situación muy seria. El único camino que podían encontrar para expresarse a sí mismos y adquirir conocimientos era usar el cerebro físico del hombre, pues podían hacerse comprender por un ser físico, dotado de cerebro, lo que no podían hacer los Angeles.
Como ya dijimos, en la última parte de la Epoca Lemúrica el hombre no podía ver el Mundo Físico tal como lo vemos actualmente nosotros. Para él el Mundo del Deseo era mucho más real. Tenía la conciencia de sueño con ensueños del Período Lunar: Una conciencia pictórica interna; pero estaba inconsciente del mundo exterior. Los Luciferes no encontraban dificultad alguna en manifestarse a esa conciencia interna y llamar su atención hacia su forma exterior, la que antes no había percibido. Le enseñaron cómo podía dejar de seguir siendo simplemente el esclavo de los poderes exteriores, y como podría convertirse en su propio dueño y señor y parecerse a los dioses "conociendo el mal y el bien". También le hicieron comprender que no debía tener aprensión de que su cuerpo muriera, ya que en sí mismo poseía la capacidad de formar nuevos cuerpos sin necesidad de que los Angeles mediaran. Todas estas cosas se las dijeron con el propósito de que dirigiera su conciencia hacia el exterior para la adquisición del conocimiento.
Esto lo hicieron los Luciferes con el objeto de aprovecharse y adquirir conocimientos conforme el hombre los fuera obteniendo. Y le proporcionaron dolor y sufrimiento, cuando antes no tenía ninguno de los dos; pero también le dieron la inestimable bendición de la emancipación de las influencias y la dirección externa, comenzando entonces el hombre el camino de la evolución de sus poderes espirituales, una evolución que algún día le permitirá construir por sí mismo con tanta sabiduría como los Angeles y los otros Seres que lo guiaron antes de que ejercitara su voluntad.
Antes de que el hombre fuera iluminado por los Espíritus Luciferes, aquél no había conocido ni la enfermedad, ni el dolor, ni la muerte. Todas estas cosas fueron el resultado del empleo ignorante de la facultad procreadora y su abuso para la gratificación de los sentidos. Los animales en estado salvaje están libres de enfermedades y dolores, porque su propagación se efectúa bajo el cuidado y dirección de los sabios espíritus-grupo únicamente en esas épocas del año que son propicias para tal objeto. La función sexual tiene por único objeto la perpetuación de las especies, y bajo ningún concepto la gratificación de los deseos sexuales.
Si el hombre hubiera continuado siendo un autómata guiado por Dios, no habría conocido ni la enfermedad, ni el dolor, ni la muerte, hasta hoy; pero tampoco habría obtenido la conciencia cerebral y la independencia resultante de la iluminación por los Espíritus Luciferes, los "dadores de luz", quienes le abrieron el entendimiento y le enseñaron a emplear su entonces confusa visión para obtener conocimientos del Mundo Físico, que estaba destinado a conquistar.
Desde ese entonces había dos fuerzas obrando en el hombre. Una fuerza es la de los Angeles, quienes formaban nuevos seres en la matriz por medio del Amor, que se dirigía hacia abajo para la procreación; son, por lo tanto, los perpetuadores de la raza.
La otra fuerza es la de los Espíritus Luciferes, quienes son los instigadores de todas las actividades mentales, por medio de la otra parte de la fuerza sexual, que se dirige hacia arriba para el trabajo cerebral.
Los Luciferes son llamados también "serpientes", y están representados así en las diversas mitologías. Diremos más sobre ellos, cuando lleguemos al análisis del Génesis. Por el momento ya hemos dicho bastante para encaminarnos en nuestra investigación que nos guiará a través del progreso evolutivo del hombre aún más allá, a través de las Epocas Atlante y Aria, hasta nuestros días.
Lo que hemos dicho acerca de la iluminación de los Lemures se aplica únicamente a la menor parte de aquellos que vivieron en la última parte de aquella Epoca, quienes fueron la simiente de las siete razas atlantes. La mayor parte de los Lemures eran análogos a los animales, y las formas ocupadas por ellos han degenerado en la de los salvajes y antropoides actuales.
Recomendamos al estudiante que se fije cuidadosamente en que fueron las Formas las que degeneraron. Hay una distinción importantísima, que debe siempre recordarse, entre los cuerpos (o formas) de una raza, y los Egos (o vida) que encarna en esos cuerpos de la raza.
Cuando nace una raza, las formas son animadas por cierto grupo de espíritus que tienen la capacidad inherente de evolucionar hasta cierto grado, pero no más allá. No puede haber estancamientos de ninguna clase en la Naturaleza; por lo tanto, cuando se ha llegado al límite de tal grado, los cuerpos o formas de esa raza comienzan a degenerar, cayendo cada vez bajo, hasta que la raza se extingue.
La razón no hay que ir a buscarla muy lejos. Nuevos cuerpos de raza aparecen, particularmente flexibles y plásticos, proporcionando gran margen a los Egos que en ellos encarnen para mejorar esos vehículos y progresar en consecuencia. Los Egos más avanzados nacen en esos cuerpos y los van mejorando lo mejor que pueden. Esos Egos son, sin embargo, únicamente aprendices y, en consecuencia, no pueden evitar que esos cuerpos vayan cristalizándose lentamente hasta llegar al límite de perfección que ese cuerpo sea capaz de adquirir. Entonces se crean formas para una nueva raza, para proporcionar a los Egos mayor margen aún, a fin de que puedan aumentar su experiencia y desarrollo. Y los cuerpos antiguos se descartan, convirtiéndose en las habitaciones de Egos menos avanzados, que a su vez los emplean como jalones, a lo largo del sendero de progreso. De esta suerte los antiguos cuerpos de una raza van siendo empleados por Egos de creciente inferioridad, degenerando gradualmente, hasta que por último ya no hay Egos suficientemente inferiores como para poder obtener algún provecho al encarnar en tales cuerpos. Las mujeres se hacen estériles y los cuerpos de la raza mueren.
Podemos fácilmente trazar ese proceso con ciertos ejemplos. La raza teutónico-anglosajona (especialmente de rama americana) tiene un cuerpo más blando y flexible y un sistema nervioso más sensible que cualquier otra raza de la Tierra de los tiempos actuales. Los indios y los negros tienen cuerpos mucho más duros, y debido a su grosero sistema nervioso son mucho menos sensibles a las heridas. Un indio continúa luchando después de recibir heridas cuyo solo choque hubiera postrado o matado a un blanco, en tanto que el indio se restablece inmediatamente. Los aborígenes australianos son un ejemplo notable de la muerte de una raza, debido a su esterilidad, a pesar de todos los esfuerzos que el gobierno británico está haciendo para perpetuarles.
Se ha dicho contra los de la raza blanca que dondequiera que ellos van desaparecen las otras razas. Los blancos han sido acusados de haber ejercido terribles opresiones sobre las otras razas, habiendo, en muchos casos, masacrado a multitudes de nativos indefensos e insospechables -como lo prueba la conducta de los españoles con los antiguos peruanos y mejicanos, si hemos de concretar uno entre tantos ejemplos-. Las obligaciones resultantes de tales abusos de confianza y de la inteligencia y poder superior se pagarán, !oh sí!, hasta el último grano, por los que en ello incurrieron. Más es igualmente cierto, sin embargo, que aún cuando los blancos no hubieran masacrado, esclavizado, martirizado y maltratado a las antiguas razas, estas últimas hubieran muerto por sí solas, si bien más lentamente, porque tal es la Ley de la Evolución, el orden de la Naturaleza. En el futuro, los cuerpos de las razas blancas cuando sean habitados por Egos que actualmente tienen cuerpos de raza roja, negra, amarilla o morena, habrán degenerado tanto que también desaparecerán, para tomar en su lugar otros y mejores vehículos.
La ciencia habla únicamente de la evolución. Pero no considera las líneas de Degeneración, que, con lentitud pero seguramente, están destruyendo los cuerpos que se han cristalizado tanto que no pueden ya mejorarse.
LA EPOCA ATLANTE
Los cataclismos volcánicos destruyeron la mayor parte del continente lemúrico, y en su lugar surgió el continente Atlántico, en el sitio que actualmente ocupa el océano del mismo nombre.
La ciencia materialista, intrigada por la historia de Platón, hizo investigaciones respecto a los atlantes, quedando demostrado que hay más de una base seria en esa historia, y que dicho continente puede haber existido. Los ocultistas no sólo saben que existió, sino que también conocen su historia, que ahora describiremos.
La antigua Atlántida difería de nuestro mundo actual en muchas cosas, pero su mayor diferencia se encontraba en la constitución de su atmósfera y del agua de aquella época.
De la parte austral del planeta venía el aliento ardiente de los volcanes, que se encontraban aún muy activos. Del norte llegaban los bloques de hielo de la región boreal. El continente Atlántico era el punto donde se juntaban esas dos corrientes, y, por consiguiente, su atmósfera estaba siempre sobrecargada de una neblina espesa y pesada. El agua no era tan densa como ahora, pues contenía una proporción mucho mayor de aire. Había, además, mucha agua en suspensión en la pesada y nebulosa atmósfera de la Atlántida.
Al través de esa atmósfera nunca brillaba el Sol con claridad. Aparecía como rodeado de una aura de luz vaga, como sucede con los faroles de las calles en tiempo de neblina. Entonces sólo se podía ver a una distancia de unos cuantos pies en cualquier dirección, y las líneas de los objetos distantes se veían borrosas e inciertas. El hombre se guiaba más por su percepción interna que por su visión externa.
Y no solamente la tierra de entonces, sino también el hombre, eran muy diferentes a los actuales. El hombre de entonces tenía cabeza, pero casi nada de frente; su cerebro no tenía desarrollo frontal. Su cabeza era huida casi desde arriba de los ojos hacia atrás. Comparados con nuestra humanidad, eran gigantes; sus brazos y piernas eran mucho más largos, proporcionalmente a su semejantes a los del canguro. Tenía pequeños ojos parpadeantes, y su cabello era de sección redonda. Esta última peculiaridad, si no otras, distinguen a los descendientes de los atlantes que existen actualmente entre nosotros. Su cabello era recto, lacio, negro, de sección redonda, mientras que el de los arios, si bien puede diferir en color, tiene siempre la sección oval. Las orejas de los atlantes se separaban mucho más de la cabeza que las de los arios.
Los vehículos superiores de los atlantes primitivos no estaban en posición concéntrica con relación al cuerpo denso, como lo están los nuestros. El espíritu no era aún del todo un espíritu interno; estaba parcialmente fuera, y, por lo tanto, no podía dominarlo tan fácilmente como cuando está completamente dentro. La cabeza del cuerpo vital estaba fuera y se mantenía mucho más arriba que la del cuerpo físico. Hay un punto entre los arcos superciliares a una media pulgada bajo el cutis que tiene un punto correspondiente en el cuerpo vital. Ese punto no es el cuerpo pituitario, que está mucho más adentro de la cabeza del cuerpo denso. Puede llamársele la raíz de la naríz". Cuando esos dos puntos del cuerpo vital y del físico se ponen en correspondencia, como sucede en el hombre actual, el clarividente los ve como una manchita negra, o mejor dicho, como un espacio vacío, semejante a la parte invisible de la llama del gas. Este es el asiento del espíritu interno del hombre, el Santuario de los Santuarios (Sancta Sanctorum) del Templo del cuerpo humano, creado para todo lo que no sea el espíritu interno del hombre, el Ego, cuyo hogar es. El clarividente puede ver con mayor o menor claridad, de acuerdo con su capacidad y ejercitamiento, todos los diferentes cuerpos que forman el aura humana. Unicamente ese punto, ese sitio, está oculto para él. Esto es otra "Isis" cuyo velo nadie puede descorrer. Ni aún el ser más evolucionado puede descorrer el velo del Ego de la más humilde o menos desarrollada criatura. Eso, y únicamente eso, sobre la Tierra, es tan sagrado, que está completamente a salvo de toda intrusión.
Esos dos puntos de los que acabamos de hablar -uno en el cuerpo denso y en su contraparte del cuerpo vital- estaban muy separados en el hombre de los primitivos tiempos de la Atlántida, como está en los animales actuales. La cabeza del cuerpo vital del caballo está muy separada de la de su cuerpo denso. Esos dos puntos están más próximos en el perro que en cualquier otro animal, salvo quizá en el elefante. Si llegan a juntarse, se da el caso de animales prodigios que pueden contar, deletrear, etcétera.
Debido a la distancia entre esos dos puntos, el poder de percepción del Atlante era mucho más fino en los mundos internos que en el Mundo Físico, oscurecido además por esa atmósfera de neblina densa y pesada. Con el tiempo, sin embargo, la atmósfera se fue haciendo gradualmente más clara; al mismo tiempo, los puntos citados se fueron acentuando poco a poco. Conforme se iban aproximando, el hombre iba perdiendo su contacto con los mundos internos, haciéndose éstos más oscuros conforme el físico se aclaraba. Finalmente, en el último tercio de la Epoca Atlante, el punto del cuerpo vital se unió al del cuerpo físico correspondiente. Hasta ese momento no estaba el hombre plenamente consciente del Mundo Físico; pero al mismo tiempo que se obtuvo la plena visión y percepción del Mundo Físico, se perdió la capacidad de percibir los mundos superiores, capacidad que se fue perdiendo gradualmente en la mayoría.
En los primeros tiempos el atlante no percibía claramente las líneas de un objeto o persona, pero veía su alma y en seguida conocía sus atributos, ya éstos fueran beneficiosos para él o no. Sabía enseguida si el hombre o animal a quien estaba mirando se encontraba en disposiciones amigables o agresivas para él. Sabía prontamente, por medio de su percepción espiritual, cómo debía tratar a los demás, y cómo podía escapar a los peligros, y, en consecuencia, cuando perdió la visión de los Mundos Espirituales, sufrió muchas tristezas por ello.
La Rmoahals fue la primera de las razas atlantes. Tenían muy poca memoria, y ésta poca estaba relacionada únicamente con la sensación. Recordaban los colores y los sonidos, y de esta suerte desenvolvieron hasta cierto punto el sentimiento. El lemur no tenía sentimiento alguno, en la más sutil acepción de la palabra. Poseía el sentido del tacto, podía sentir las sensaciones físicas de dolor, de comodidad y confort, pero no las sensaciones espirituales o mentales, como la alegría, la tristeza, la simpatía o la antipatía.
Con la memoria obtuvieron los atlantes los primeros rudimentos del lenguaje. Entonces crearon palabras y ya no hicieron más uso de los simples sonidos que hacía el lemur. Los Rmoahals empezaron a dar nombre a muchas cosas. Eran todavía una raza espiritual y sus poderes anímicos eran análogos a las fuerzas de la Naturaleza; y no solamente daban nombres a las cosas que los rodeaban, sino que sus palabras poseían poder sobre las cosas denominadas. Similarmente a los últimos lemures, sentían que eran espíritus y nunca se causaron entre sí el menor daño. Para ellos el lenguaje estaba santificado, pues lo consideraban como una expresión directa del espíritu. Y nunca abusaron o degradaron este poder charlando o hablando de nimiedades. Por medio del empleo del lenguaje, el alma de esta raza pudo por primera vez ponerse en contacto con el alma de las cosas del mundo externo.
La segunda raza atlante fue la de los Tlavatlis. Y ya empezaron a sentir su valor como seres humanos separados. Se hicieron ambiciosos; pedían que se recompensaran sus obras. La memoria se convirtió en un verdadero factor en la vida de la comunidad. El recuerdo de las proezas hechas por alguno de ellos hizo que el pueblo eligiera por Guía al que hubiera efectuado cosas más grandes. Este fue el germen de la realeza.
Ese recuerdo de las obras meritorias de algún hombre se mantenía después aún de su muerte. La humanidad comenzó a honrar la memoria de sus antepasados y a adorar en ellos y en otros que hubieran mostrado algún gran mérito. Este fue el principio de cierta forma de adoración que aún es practicada hoy en día por algunos asiáticos.
Los Toltecas fueron la tercera raza atlante. Llevaron aún más adelante esas ideas de sus predecesores, inaugurando la monarquía y la sucesión hereditaria. Los Toltecas originaron la costumbre de honrar a los hombres por las proezas de sus antecesores; pero entonces había muy buenas razones para hacerlo así, pues debido al ejercitamiento peculiar de aquellos tiempos, el padre tenía el poder de impartir sus cualidades a sus hijos, de una manera imposible para la humanidad actual.
La educación se efectuaba evocando ante el alma del niño cuadros de las diversas fases de la vida. La conciencia de los primitivos atlantes era todavía principalmente una conciencia interna pictórica. El poder del educador para evocar esos cuadros ante el alma del niño era el factor determinante del que dependían las cualidades anímicas que poseería el hombre ya maduro. Lo que se despertaba era el instinto y no la razón, y por este método de educación el hijo, en la mayoría de los casos, absorbía realmente las cualidades de su padre. Es, pues, evidente que en aquel entonces había muy buenas razones para rendir honores a los descendientes de grandes hombres, porque los hijos heredaban siempre la mayor parte de las buenas cualidades de su padre. Desgraciadamente, no es ese el caso en nuestros tiempos actuales, aunque seguimos siempre con la misma costumbre de honrar a los hijos de los grandes hombres, si bien ahora no tenemos razón alguna para hacerlo.
Entre los Toltecas se consideraba de gran valor la experiencia. El hombre que había obtenido las más variadas experiencias era el más honrado y buscado. La memoria era entonces tan grande y exacta que la de nuestra humanidad actual no es nada en comparación. En cualquier emergencia, un Tolteca de grande experiencia y práctica hubiera recordado muy probablemente los casos similares que le hubiesen ocurrido en el pasado, deduciendo lo que debiera hacerse en seguida. De esta suerte se convertía en un inestimable consejero para la comunidad cuando se producía alguna situación que ningún miembro de aquélla hubiera experimentado antes, siendo, por lo tanto, éstos incapaces de pensar o deducir por analogía lo que debía hacerse en esa emergencia. Y cuando en la comunidad no había individuos de aquella especie, se veían obligados a experimentar para encontrar lo mejor que pudiera hacerse.
A mediados del último tercio de la Atlántida encontramos el comienzo de las naciones separadas. Grupos de personas que habían descubierto entre sí gustos y costumbres similares abandonaban sus antiguos hogares y fundaban una colonia nueva. Pero recordaban sus antiguas costumbres y las seguían en sus nuevos hogares en lo posible, creando otras nuevas que se armonizaban con sus ideas y necesidades particulares.
Los Guías de la humanidad iniciaron a grandes Reyes en ese entonces para que dirigieran al pueblo, sobre el cual se les dio gran poder. Y las masas honraban a esos reyes con toda la reverencia debida a los que ciertamente eran reyes "por la gracia de Dios". Este feliz estado de cosas, sin embargo, llevaba en sí el germen de la desintegración, porque los reyes con el tiempo se ensoberbecieron con el poder. Olvidaron que éste había sido puesto en sus manos por la gracia de Dios como una cosa sagrada, que habían sido hecho reyes con el objeto de que obraran con justicia y ayudaran al pueblo. Y empezaron a emplear sus poderes para la corrupción, con fines egoístas de engrandecimiento personal, en vez de usarlos para el bien común, y se arrogaron privilegios y autoridad que nunca se les había concedido. La ambición y el egoísmo los dominaron y abusaron de sus poderes derivados de la divinidad para oprimir y vengarse. Esto fue así no solamente con los reyes, sino también con los nobles y las clases más elevadas, y si uno considera los poderes que ellos poseían sobre sus súbditos de clase inferior, es bien fácil comprender que esos abusos tenían que producir terribles condiciones.
Los Turanios originales fueron la cuarta raza Atlante. Eran especialmente viles en su abominable egoísmo. Erigieron templos en los que los reyes eran adorados como dioses y oprimían muchísimo a las clases inferiores desamparadas. La magia negra de la clase pero y más nauseabunda floreció entonces, y todos los esfuerzos estaban encaminados a la gratificación de la vanidad y a la ostentación externa.
Los Semitas originales fueron la quinta y más importante raza de las siete razas atlantes, porque en ellos encontramos el primer germen de esa cualidad refrenadora: El pensamiento. Por lo tanto, la raza Semítica original se convirtió en la "simiente de raza" de las siete razas de nuestra Epoca Aria.
En la Epoca Polar el hombre adquirió el cuerpo denso como instrumento de acción. En la Epoca Hiperbórea se agregó el cuerpo vital, que dio la fuerza del movimiento necesaria para la acción. En la Epoca Lemúrica el cuerpo de deseo suministró el incentivo para la acción.
La mente de le dio al hombre en la Epoca Atlante para que tuviera propósito en la acción; pero como el Ego era excesivamente débil y la naturaleza pasional (de deseos) muy fuerte, la mente naciente se unió al cuerpo de deseos; y de ahí resultó la astucia, causa de todas las debilidades de mediados del último tercio de la Epoca Atlante.
En la Epoca Aria comenzó a perfeccionarse la mente y la razón, por medio del trabajo del Ego para encadenar al cuerpo de deseos y conducirle a la realización de la perfección espiritual, que es el objeto de la evolución. Esta facultad de pensar y formar ideas la consiguió el hombre a expensas del gobierno sobre las fuerzas vitales, esto es, a expensas de su poder sobre la Naturaleza.
La mente y el pensamiento permiten al hombre actual ejercitar su poder sobre los minerales y las substancias químicas, únicamente, porque su mente está todavía en su primer estado, o mineral, de su evolución, como se encontraba su cuerpo denso en el Período de Saturno. Y no puede ejercer el menor poder sobre la vida animal o vegetal. El hombre utiliza en sus industrias maderas y diversas substancias vegetales, así como ciertas partes del animal. Estas substancias, en último análisis, son todas materia química animada por la vida mineral, de la que se componen todos los cuerpos, según ya se explicó. Sobre todas esas variedades de combinaciones químico-minerales puede tener dominio actualmente el hombre; pero hasta que haya llegado al Período de Júpiter, no podrá extender su dominio hasta la vida. En ese Período tendrá el poder de obrar y trabajar con la vida vegetal, como lo hacen los Angeles actualmente, en este Período Terrestre.
Los científicos materialistas han trabajado durante largos años para "crear" vida; pero no obtendrían el menor éxito hasta que hayan aprendido a aproximarse a la mesa del laboratorio con la más profunda reverencia, como si estuvieran frente al altar de un Templo, con pureza de corazón y con manos santificadas, desprovistas de todo egoísmo y ambición.
Tal es la decisión de los Hermanos Mayores, que guardan éste y otros profundos secretos de la Naturaleza hasta que el hombre se encuentre en condiciones de emplearlos para el mejoramiento de la raza, para la gloria de Dios y no para aprovecharse o engrandecerse personalmente.
Esta pérdida de su poder sobre las fuerzas vitales fue, sin embargo, la que hizo posible que el hombre pudiera seguir evolucionando. Después de eso no importaba cuán grande se hiciera su egoísmo, porque no podría ser destructor de sí mismo ni de la Naturaleza, como hubiera sido el caso si su egoísmo creciente hubiera estado acompañado por el gran poder que poseía el hombre en su primitivo estado de inocencia. El pensamiento que obra solamente en el hombre no tienen poder alguno sobre la Naturaleza y nunca puede poner en peligro a la humanidad, como hubiera sido posible si las fuerzas de la Naturaleza estuvieran bajo el dominio del hombre.
Los Semitas originales regulaban sus deseos hasta cierto punto por medio de la mente, y en vez de simples deseos mostraban astucia y malicia, medios por los cuales este pueblo trataba de realizar sus fines egoístas. Si bien era un pueblo muy turbulento, aprendieron a refrenar sus pasiones en gran extensión y a realizar sus propósitos por medio de la astucia, más sutil y potente que la simple fuerza bruta. Y descubrieron por vez primera que el cerebro es superior al músculo (1).
En el transcurso de la existencia de esta raza, la atmósfera de la Atlántida comenzó a aclararse definitivamente, y el punto ya mencionado del cuerpo vital se puso en correspondencia con su compañero del cuerpo denso. La combinación de los sucesos dio al hombre la capacidad de ver los objetos con claridad y nitidez, con contornos bien definidos; pero esto también se obtuvo a expensas de su visión de los mundos internos.
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1 - En Inglés: That "brain" is superior to "brawm".
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Así que podemos ver y es bueno definir la siguiente ley: Nunca se puede hacer el menor progreso sino a costa de alguna facultad que se poseía previamente, la que se re-obtiene de nuevo después en una forma más elevada.
El hombre construyó su cerebro a costa temporal de su poder de generar sólo, por sí mismo. Con el objeto de adquirir el instrumento con el cual pudiera guiar su cuerpo denso, se sujetó a todas las dificultades, tristezas y dolores que involucran la cooperación necesaria para la perpetuación de la raza; y obtuvo su poder de razonar a costa de la pérdida temporal de su visión espiritual.
Mientras que la razón le benefició de muchas maneras, arrojó de él su visión del alma de las cosas que antes le hablaba, y la adquisición del intelecto, que es ahora la más preciosa posesión del hombre, era contemplada con tristeza por los Atlantes, que lamentaban la pérdida de su visión y poder espirituales, pérdida que marcaba su adquisición.
Sin embargo, era necesario el cambio de los poderes espirituales por facultades físicas, para que el hombre pudiera funcionar, independiente de toda guía externa, en el Mundo Físico, que debía conquistar. A su debido tiempo esos poderes serán obtenidos nuevamente, cuando por medio de sus experiencias y de su jornada a través del Mundo Físico más denso, haya aprendido a usarlos apropiadamente. Cuando los poseía no tenía conocimientos acerca de su empleo, y eran demasiado peligrosos y preciosos para usarse como juguetes y para hacer experiencias con ellos.
Bajo la dirección de una Gran Entidad, la raza semítica original fue llevada hacia el este del continente Atlántico, por Europa, hacia la gran extensión esteparia del Asia Central, que actualmente denomínase el Desierto de Gobi. Allí fueron preparados para convertirse en la simiente de las siete razas de la Epoca Aria, imbuyéndoles potencialmente las cualidades que debían ser evolucionadas por sus descendientes.
Durante las edades anteriores -desde el comienzo del Período de Saturno y a través de los períodos Solar y Lunar hasta las tres evoluciones y media del Período Terrestre (Epocas Polar, Hiperbórea, Lemúrica y primera parte de la Atlante)- el hombre fue guiado por elevados Seres sin que él pudiera hacer la menor elección. En esos tiempos era incapaz de guiarse a sí mismo, no habiendo aún desarrollado una mente propia; pero, por último, llegó el día en que se hizo necesario, para su futuro desarrollo, el que comenzara a guiarse a sí mismo. Debía aprender la independencia y asumir la responsabilidad de sus propios actos. Anteriormente se había visto impulsado a obedecer las órdenes de su Señor; pero ahora sus pensamientos debían separarse de los visibles guías, los Señores de Venus, a quienes había adorado como mensajeros de Dios, y dirigirse a la idea del verdadero Dios, el Creador invisible del Sistema. El hombre debía aprender a adorar y a obedecer las órdenes de un Dios a quien no podía ver.
Su Guía llamó, pues al pueblo y lo reunió, dándole una oración que puede expresarse así:
"Anteriormente habéis visto a Aquellos que os guiaban, pero hay Guías de varios grados de esplendor, superiores a aquéllos, a quienes no habéis visto, pero que os guiaron siempre, grado por grado, en la evolución de la conciencia.
"Exaltado y por encima de todos esos Señores gloriosos está el Dios invisible, que ha creado el cielo y la tierra sobre la que estáis. El ha querido daros dominio sobre toda esta tierra, para que podáis fructificar y multiplicaros en ella.
"A este Dios invisible lo debéis adorar, pero debéis adorarlo en Espíritu y en Verdad, y no hacer ninguna imagen de El, ni tratar de pintarlo semejante a vosotros, porque El está presente en todas partes y está más allá de toda comparación o similitud.
"Si seguís sus preceptos, El os bendecirá abundantemente y os colmará de bienes. Si os apartáis de sus caminos, os vendrán males. La elección es vuestra. Sois libres; pero debéis sufrir las consecuencias de vuestros propios actos".
La educación del hombre se efectúa en cuatro grandes grados. Primero se obra sobre él desde fuera, inconscientemente. Entonces se le coloca bajo la dirección de los Mensajeros de Divinos y Reyes a quienes ve, y cuyas órdenes debe obedecer. Después se le enseña a reverenciar las órdenes de un Dios a quien no ve. Finalmente, aprende a elevarse sobre toda orden; a convertirse en una ley en sí mismo; y, conquistándose así mismo voluntariamente, a vivir en armonía con el Orden de la Naturaleza, que es la Ley de Dios.
Cuádruple es también el grado que el hombre sigue hasta Dios. Primero, por medio del miedo, adora a Dios a quien empieza a sentir, sacrificándole para propiciarlo, como hacen los fetichistas.
Después aprende a mirar a Dios como al Dador de todas las cosas y a esperar recibir de El beneficios materiales, ahora y siempre. Sacrifica por avaricia, esperando que el Señor le dará ciento por uno, o para librarse del castigo inmediato, como plagas, guerras, etc.
Luego se le enseña a adorar a Dios con oraciones y a vivir una buena vida; y a cultivar la fe en un Cielo en el que será recompensado en el futuro; y abstenerse del mal para que pueda librarse de un castigo futuro en el Infierno.
Por último llega a un punto en el que puede obrar bien sin pensar en la recompensa o castigo, sino sencillamente porque "es justo el obrar con rectitud". Ama al bien por sí mismo y trata de ordenar su conducta en consecuencia, sin tener en cuenta su beneficio o desgracia presente o los resultados dolorosos de algún tiempo futuro.
Los semitas originales habían llegado al segundo de estos grados. Se les enseñó a adorar a un Dios invisible y a esperar ser recompensados con beneficios materiales o castigados con aflicciones y dolores.
El Cristianismo Popular es el tercer grado. El Cristianismo Esotérico y los alumnos de todas las escuelas de ocultismo están tratando de alcanzar el grado superior, el que generalmente se conseguirá en la Sexta Epoca, la Nueva Galilea, cuando la religión Cristiana unificadora abra los corazones de los hombres, así como sus entendimientos están ya abiertos.
Los Akadios fueron la sexta y los Mogoles la séptima de las razas atlantes. Estos evolucionaron aún más la facultad de pensar, pero siguieron líneas de razonamiento que los desviaron más y más de la corriente principal de la vida en desarrollo. Los chinomogoles sostienen hasta hoy en día que esos medios anticuados son los mejores. El progreso requiere constantemente nuevos métodos y adaptabilidad que conserve las ideas en un estado fluídico, y, en consecuencia, esas razas decayeron y degeneraron junto con el remanente de las razas atlantes.
Conforme las pesadas neblinas de la Atlántida se condensaban más y más, la creciente cantidad de agua fue inundando gradualmente ese continente, destruyendo la mayor parte de la población y las evidencias de su civilización.
Pero un gran número se salvó del continente que se sumergía bajo las inundaciones y ganaron la Europa. Las Razas mogólicas son las descendientes de esos refugiados atlantes. Los negros y las razas salvajes de pelo duro y motoso son los últimos remanentes de los lemures.
LA EPOCA ARIA
El Asia Central fue la patria de las razas arias, descendientes de los semitas originales. De estos partieron todas ellas. Es innecesario describirlas aquí, pues las investigaciones históricas han revelado suficientemente sus principales rasgos.
En la época presente (la quinta o Aria), el hombre conoció el uso del fuego y de otras fuerzas, cuyo divino origen se le ocultó intencionalmente, a fin de que pudiera emplearlo libremente para los más elevados propósitos de su propio desenvolvimiento. Por lo tanto tenemos en la actual época dos clases: La una que mira a la Tierra y al hombre como siendo de origen divino; la otra que ve todas las cosas desde un punto de vista puramente utilitario.
Los más avanzados de nuestra humanidad obtuvieron al principio de la Epoca Aria las Iniciaciones superiores, para que pudieran ocupar el lugar de los Mensajeros de Dios, o sean los Señores de Venus. Tales Iniciados humanos fueron desde ese tiempo los únicos mediadores entre el hombre y Dios. Aunque no aparezcan públicamente ni muestren signos o maravillas, son, sin embargo, los Guías y Maestros. El hombre quedó en completa libertad de buscarlos o no, según deseara.
Al final de nuestra Epoca actual el más elevado Iniciado aparecerá públicamente, cuando un número suficiente de humanidad ordinaria lo desee, y nos someteremos voluntariamente a ese Guía. Formaráse así, entonces, el núcleo para la última raza que aparecerá al principio de la Sexta Epoca. Después de aquel momento, las razas y naciones cesarán de existir. La humanidad formará entonces una Fraternidad Espiritual como antes del fin de la Epoca Lemúrica.
Los nombres de las razas que han aparecido sobre la Tierra, durante la Quinta Epoca hasta ahora, son los siguientes:
1. -La Aria, que fue hacia el sur de la India.
2. -La Babilonio-Asirio-Caldea.
3. -La Perso-Greco-Laina.
4. -La Céltica.
5. -La Teutónico-Anglo-Sajona (a la que pertenecemos)1.
De la mezcla de las diferentes nacionalidades que actualmente tiene lugar en los Estados Unidos, vendrá la "simiente" para la última raza, al comenzar la Sexta Epoca.
Dos razas más se desarrollarán en nuestra Epoca actual, siendo una de ellas la Eslava. Cuando en el transcurso de centenares de años, el Sol (debido a la precesión de los equinoccios) haya entrado en el signo de Acuario, el pueblo ruso y las razas eslavas en general alcanzarán un grado de desarrollo espiritual que los llevará mucho más allá de su condición actual. La música será el factor principal para llevarlo a cabo, porque en alas de la música el alma, que es por ella afectada, puede volar hasta el mismo Trono de Dios, adonde no puede llegar el intelecto. El desarrollo obtenido de esa manera no es, sin embargo, permanente, por ser unilateral y no estar, por lo tanto, en armonía con la ley de la evolución, la que exige que, para que el desenvolvimiento sea permanente, debe ser equilibrado; o en otras palabras, que la espiritualidad debe evolucionar a través, o por lo menos igualmente, con el intelecto. Por esta razón la civilización eslava será de vida corta, pero será grande y feliz mientras dure, porque ha nacido del dolor y de sufrimiento sin cuento, y la ley de Consecuencia le llevará lo contrario a su debido tiempo.
De los eslavos descenderá un pueblo que formará la última de las siete razas de la Epoca Aria; y del pueblo de los Estados Unidos descenderá la última de todas las razas de este esquema evolutivo, que comenzará su curso al principio de la Sexta Epoca.
LOS DIECISEIS SENDEROS DE DESTRUCCION
Las dieciséis razas son llamadas los "dieciséis senderos de destrucción", porque siempre hay en cada raza el peligro de que el alma pueda adherirse demasiado a la raza; de que se sumerja tanto en las características raciales que no pueda sobrepasar la idea de raza, y fracasaría entonces en su progreso; hay el peligro de que se cristalice tanto en esa raza que se confine a los cuerpos
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1 - Así dice el original inglés, refiriéndose sin duda el autor al área racial en la cual se difundió primeramente esta obra. (N. del T.).
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de la misma, cuando éstos comiencen a degenerar, como sucedió con los judíos.
En los Períodos, Revoluciones y Epocas en los que no hay razas, hay mucho más tiempo y la probabilidad de fosilizarse no es tan grande ni tan frecuente. Pero las dieciséis razas nacen y mueren en un tiempo tan relativamente corto, que existe el peligro muy grave de adherirse demasiado a condiciones que deben dejarse atrás.
Cristo es el Gran Guía Unificador de la Sexta Epoca, y enunció esta ley cuando emitió esas poco comprendidas palabras: "Si alguien viene a mí y no odia a su padre y a su madre y a sus hijos, y a sus hermanos, y a sus hermanas, y hasta su propia vida también, no puede ser mi discípulo". "Y cualquiera que no lleve su cruz y venga tras mí, no puede ser mi discípulo" "... quienquiera que no abandone todo lo que tenga, no puede ser mi discípulo".
Esto no quiere decir que debemos dejar o desestimar los lazos familiares, sino que debemos elevarnos más allá de ellos. Padre y madre son "cuerpos"; todas las relaciones son parte de la raza que Pág. 263 - 264 pertenece a la Forma. Las almas deben reconocer que no son cuerpos ni razas, sino Egos que están luchando por la perfección. Si un hombre se olvida de esto y se identifica con la raza -adhiriéndose a ella con patriotismo fanático- es lo mismo que fosilizarse en ella cuando sus compañeros hayan pasado a otras alturas del Sendero de Realización.